Posteado por: regalato | septiembre 1, 2007

LA PLANTITA

 Hervía el  agua con sal y spaguettis. Probé“al dente”…

Todavía les falta”, paladeé. Esperando el punto, comencé a divagar con estos pensamientos

Mmmm, se acerca el 11 de marzo, el día del cumpleaños de Mariela,… y yo, sigo, con la misma pregunta: “¿Qué podría regalarle que sea bien, bien bonito, lo guarde con aprecio, y, no más mirarlo, con una sonrisa, me tenga presente? Mmmm, veamos: ¿Un buen libro? ¿Un delicado perfume? ¿Una colorida bufanda?

¡No, no va por ese lado!, me dije ya colando los spaguettis. Movía la cabeza de un lado a otro… hasta que… ¡zas!, en medio del vapor… ¡se me resolvió el problema!  ¡Oh si, Mariela! ¡Ya sé que regalarte!: un hermoso relato. Será desempolvar anécdotas y conversaciones…, contarte a mi manera, -y mucho más largo que por SMS-, un montón de momentos y sentimientos, de esos que quedan grabados y son solo nuestros.A la velocidad de un mail, y con color en las mejillas, envié los datos requeridos para el cuento a “tu medida”

LA PLANTITA

Mariela, amiga, ¿cuánto tiempo hace que nos conocemos? ¡Desde hace una vida me parece…!  ¿Te acuerdas de aquella mañana? Yo, aún, solterita:                                 

 -¿Es necesario pedir hora para depilación? ¿Me irá bien un corte desflecado?, desde la puerta de tu peluquería, te pregunte, bastante tímida.                                

   – Ven a las dos, me respondiste con una sonrisa. 

A esa hora en punto, por vez primera, conocí  tu camilla.”¡Qué cómoda!”, apenas subir, me dije, estirando mis piernas.  Luego llegó el turno del corte de cabello, lavado y brushing. ¡Quedé hecha una reina! Así de sencillo, comenzó a germinar nuestra  amistad. Era apenas una semillita. Nosotras… ¡parla que te parla!

Algunos recuerdos… Algunos diálogos… Reflexiones:

El moño con trenzitas con que  me peinaste el día de mi casamiento. El delicado maquillaje, hasta con brillitos dorados.

– ¡Ay que nervios Mariela!, feliz exclamé, “espejito en mano”, a punto de salir corriendo para vestirme de novia.

 -¡Qué seas muy feliz Silvana!,  me deseaste, con estrellitas de emoción en los ojos, antes de tu abrazo.   

 Nota- No muy lejos de ese día, las dos, ya estaríamos embarazadas… Nuestra amistad, (aquella plantita), aumentaba de tamaño, suave,  dulcemente….  igualito, que nuestros bebés en la panza,

    

Una tarde, en la camilla, grité al borde del desmayo.           

 – ¡Qué horror Mariela!, con el embarazo me tengo que depilar más seguido.                                   – ¡Aguanta Silvi!, ¡no grites!, ¡ya falta poco!,  tirándome de la cera, me decías, cariñosamente.  

 Lo poco que faltaba amiga… era el tiempo para que nacieran nuestros hijos. Abril y Lucas; con dos días de diferencia, ya estaban  a punto de decir: “¡Presente!”.

                                 

 – Mariela, ¿a qué hora puedo ir a depilarme? ¿Cómo hago con Lucas?                                 

– ¡Tráelo! Lo ponemos con Abril un ratito en el corral para que jueguen.

Un ratito, dos ratitos, tres ratitos… No tardó en llegar la mañana, en que me citaste a la peluquería:

– Silvana, ¿me puedes cuidar a Abril los lunes de tardecita? Yo te pago.

– ¡Claro Mariela, con gusto te la cuido!… Pero mejor… ¿qué tal hacer un trueque… con servicios de peluquería?

Y así fue, querida, como nuestros hijos, entre peleas, risas y  spaguettis, siguiendo nuestro ritmo de visitas, también,  comenzaron a  convertirse en amiguitos.

                                 

¿Sabes Mariela?, quiero contratar a alguien que haga de Barney para el cumpleaños de Lucas. ¡Le encanta ese personaje! Estaría super divertido para los chicos de 2 años y también…                              

  – ¡Yo me disfrazo!, muy novelera, te ofreciste, sin dejarme terminar la frase.

Ya en el salón de fiestas, parada en primera fila,  movimiento a movimiento, yo te observaba, ¡pobre!, muerta de calor ahí dentro: ¡Oh! ¡Qué bien lo haces! ¡Con qué gracia y soltura! ¡Con cuánto cariño juegas con los chicos! ¡Qué feliz estoy! ¡Ay, Mariela! ¡Cuánto te lo agradezco!

Nota –  Hacer crecer nuestra amistad no nos costó ni un poquito.  Generosidad, humor y buena onda abonaban nuestra plantita. Resolvíamos  las cosas, a como se nos iban presentando: yo cuidaba a Abril, igual que tú podrías cuidar a Lucas. Solo al toque de un mensaje de “Socorro”, una o la otra, estaba siempre “Presente”y “¡Vamos arriba!”

                                                                   

– ¡Ayyy Mariela! ¡Me quiero morir! ¡Tengo una cana!

  ¡Pero Silvana!, ¿para qué existe el Henna? Por ahora tranquilízate y ve subiendo a la camilla que ya tengo lista la cera.

Shhh Mariela, ¿sabes?, aquellas simples palabras, mucho  me confortaron.  Sentí que no estaba sola en la lucha contra vellos, canas y uñas cuarteaditas.

       – Mariela, ¡qué bonito equipo deportivo le confeccionaste a Abril! ¡Perfecto!… ¡Y hasta lo bordaste! ¿Cómo haces para que te alcance el tiempo? Y…                                

 – Silvana, ¡no hables más!, ¡no es para tanto! Compra 1.50 de tela que te hago uno para Lucas en un momentito.                                

  – Pero Mariela… gracias…. Pero no… Faltaba más…                              

  – Silvana, ¿no te dije que no hables?

Y así, Mariela, siempre con una broma y una sonrisa, derrochando generosidad,  además de correr todo el día, empezaste a confeccionar más equipos, con buzo o camperita. Por supuesto mis vellos siempre requerían de tu camilla y Abril y Lucas,  re- chetos…  reían, lloraban, crecían y seguían planeando más travesuras. 
      

 –  Silvana, ¿quieres ir a pasar el domingo a mi casa? ¡Anda! De tarde, vamos a la playa.        

Bueno, Mariela. Los abuelos se llevarán a Lucas a un cumpleaños. ¡Voy! Llevo el bronceador factor 4.  

         Domingo, en la playa, 40 grados a la sombra, Tú y yo tuvimos el siguiente diálogo de mentes liberadas de niños:

 – Mariela, ¡qué solazo! ¡Pero quédate tranquila! No nos vamos a quemar mucho pues hay algo de viento. Me voy a poner un poco más de Factor 4. 

        – Mmmm ¡Qué rico perfume tiene y no es grasoso!         

 – ¡Mirá Mariela… allá lejos en el agua! Viene nadando un grupo. Debe ser una competencia. Traen puestas las patas de rana y la gorra.        

 – Pero Silvana, ¿cómo hacen…  como pueden nadar sin que se les caiga la visera?

¿Estar en la luna? ¿Pensando en tu hija? ¡No lo sé! Lo que sí te digo amiga, es que con solo acordarme, me río a carcajadas. Shhhh, te cuento lo importante, algo que pensé en ese momento: “acá, allá, con spaguettis o con galletitas de chocolate, ¡no hay caso!, yo con Mariela, la paso estupendo.”

          

– Mariela, voy a hacer un curso de esteticista.  Ahora que ya Lucas está más grandecito quisiera empezar a trabajar. También, me parece una buena opción, para no salir muchas horas de casa.                                 

 -¡Genial Silvana! ¡Te va a ir muy bien! Acá en la peluquería, ya tienes camilla para tu trabajo.                                

  – Bueno, voy a ver…. ¿Cómo arreglamos? Tú sabes que a mi me gustaría…

  – Pero, ¡cómo hablas Silvana!  ¡Empieza… después vemos!

Y así pues, mi querida amiga, como, ¡no hay caso!, siempre me cambias de tema, pasa el tiempo y contigo sigo acumulando palabras de agradecimiento, cierro este cuento a medida, con unas sencillas frases, (para no cansarte), que son mi más ni menos … que la voz de mis sentimientos.

Mariela amiga, ¡qué bueno fue conocerte…! Si supieras como sonríe mi alma mientras te lo digo… ¡Mil gracias por haber estado siempre: en las buenas y en las malas! Sabes, querida, me gusta mucho esta plantita que hemos regado juntas… Mira sus hojitas, mira sus florcitas… Es firme y colorida, brilla al toque de un SMS… y siempre dice: “¡Presente!” y “¡Vamos arriba! 

 ¡Te quiero mucho! 

   ¡Qué tengas un muy feliz cumpleaños!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Tu amiga, Silvana

AUTORA – MARÍA CRISTINA GALEANO

cristinagaleano@netgate.com.uy  

www.regalato.wordpress.com


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