Posteado por: regalato | octubre 2, 2007

DESCRIPCIÓN DEL SERVICIO

      

                                  CUENTOS PARA REGALO

¿Alguna vez regaló una emoción? ¿Alguna vez contó un sentimiento?

Le propongo que en inolvidable transforme su regalo, a partir del insustituible valor del afecto.  

¿Es la boda de su hijo o hija? ¿El cumpleaños de su padre, madre, esposo, esposa o mejor amigo o amiga? ¿Desea premiar una trayectoria? ¿Qué regalo podría ser tan especial, que demuestre lo mucho que para Usted significa? ¡Despreocúpese! Lo que Usted esta buscando existe: un pensamiento, un cuento o un relato a medida. 

Le ofrecemos tres opciones:

 Regale un pensamiento, un regalo – pensamiento. ¡Es tan lindo hablarle bien bajito al corazón con la voz del sentimiento! Cabe en las líneas de unas hojas y habla de la fecha y jerarquía del evento. Lea demos referentes al servicio.

Regale un cuento o relato a medida, un regalato. Es refrescar la memoria con algún relato, anécdota o instante compartido, de esos que pesan y dejan huella en el camino de nuestras vidas. Ver demos. 

Regale una adaptación de los relatos de los demos. Si le agradó uno de estos demos y tan bien vio reflejado lo que desea expresar, ¿por qué, mejor, no elegir su adaptación, con el sello del nombre y perfil del homenajeado? Dennos una pista y se lo adaptamos… ¡Cada ser querido merece un especialísimo regalo!

Agradezco desde ya su comentario a cristinagaleano@netgate.com.uy

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Por más información ver: opciones y costo del servicio

 

               

            PayPal                                                                  Western Union

 

 

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Posteado por: regalato | octubre 1, 2007

Primer libro editado – Cosas que pasan

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Leer comentario de Rodolfo Fattoruso

Posteado por: regalato | octubre 1, 2007

Opciones del servicio

Regalos originales, regalos creativos, para él, para ella.

¿Ha pensado usted en la gama de posibilidades que ofrece este tan original presente?

 Por ejemplo: el homenajeado podrá guardarlo en “Mis documentos”, bien a mano para recorrer cada palabra, cada emoción, sintiéndose a su lado aunque se encuentre muy lejos.

También tiene otra excelente opción: imprimirlo para que se cobije en alguna agenda o cualquier cajón; así poder tomarlo y leerlo despacito, recuerdo tras palabra, mientras se va durmiendo plácidamente.

Pero hay algo más, algo que cierra la descripción de mi servicio y marca su relevancia. Parte de una reflexión, pasa por una premisa y se regocija con un valor agregado…
 ¿Qué sentirá esta persona que usted tanto aprecia cuando abra su correo, igual al otro extremo del planeta, y de pronto, encuentre la calidez de su cuento o mensaje? ¿Quiere que se lo adelante?… Apreciará lo maravilloso que es, a través de un regalato o un regalo- pensamiento, poder escuchar susurrar al alma bajito.
¿La premisa?: “Siempre es bueno expresar los sentimientos. Los verdaderos afectos no conocen de kilómetros de distancia”. ¿El valor agregado?: una sonrisa.

¿Qué necesito para escribir el cuento o mensaje personalizado?

  1. El perfil de la persona a quien va dirigido. Por ejemplo: sus gustos, actividades, que lo hace reír o emocionar. ¡Por supuesto sería muy ilustrativa su foto o descripción física; y, necesario, mencionar el motivo del regalo, anécdota y sentimientos a destacar!
     Usted, exprese con sus propias palabras las ideas ¡y listo!, yo le doy forma y calidez a su sentido.

  2. Tiempo de entrega: entre 15 y 30 días, a partir de recibir la información requerida vía mail: cristinagaleano@netgate.com.uy

  3. Giro del costo de mi servicio por Western Union a mi nombre y documento de identidad.
     

Precio de los servicios:

  • Regalo – pensamiento, nuevo y original, en hoja A4, espacio y medio, tipo de letra Times New Roman, de tamaño letra 12, tiene un costo de 59 dólares.

  • Regalato: regalo – relato nuevo y original, en hoja A4, espacio y medio, tipo de letra Times New Roman, de tamaño letra 12, tiene un costo de 59 dólares.

  • Adaptación de demo, iguales características de formato, a un costo de 39 dólares.

Condiciones:

  1. Usted me envía el perfil del homenajeado por mail.

  2. Entre 15 y 30 días le escribo su regalato o regalo- pensamiento. O, entre 7 y 15 días le escribo su regalo – pensamiento o su regalato adaptado.

  3. Le aviso por mail que el cuento está listo y le envío los primeros párrafos en el caso de regalato o regalo- pensamiento.

  4. Usted me envía el giro por Western Union y me avisa por mail.

  5. Cobro el giro.

  6. Le envío el regalato, cuento pensamiento o adaptación por mail.

  7. Usted lo imprime o envía el regalato o regalo- pensamiento por mail al homenajeado.

Comentario del libro “Cosas que pasan”

Primer edición – Agotada

La escritora Maria Cristina Galeano representa una de las voces más sinceras de la narrativa cotidiana Uruguaya.

Sabemos que por algún tiempo residió en la ciudad de Quito (Ecuador), donde se familiarizó con distintas expreciones del arte autóctono. Sabemos, tambien, que en esa aventura le permitio adquirir perspectiva y mirar a su querido Uruguay con otros ojos; con mayor cercanía y comprención.

En éste su primer libro de cuentos exhibe su cualidad dominante; la de retratar con fidelidad personajes y situaciones de la vida cotidiana a travéz de una mirada que nunca llega a ser abiertamente crítica., pero que refleja- con ternura- mucho de lo que actúa en las relaciones interpersonales.

Sus historias son comunes porque la gente que las puebla es común; son personas que viven el desafío de cada jornada con su inevitable juego de luces y sombras, de alegrías y de contrastes.

Alcanza con recorrer las amables páginas de Galeano para recuperar el gusto por una lectura que es una suerte de espejo de la gente común que vive con sus esperanzas y sus sueños  en el Uruguay de estos años.

Lo que sorprende y atrapa en estos cuentos breves es la amenidad con que se presentan sus asuntos  y la cercanía  compasiva con que se abordan los personajes. Para Galeano se nota que escribir es toda una forma de ser y de dialogar con el mundo.

Esta obra  -la primera de una serie- – es tan parecida  a la vida misma que se lee con agradecimiento y se disfruta con una sonrisa.

Todo lo que contribuya a difundir este libro  se estará haciendo a favor de la cultura.

Rodolfo M. Fattoruso

Posteado por: regalato | octubre 1, 2007

Invitada por la Semana de la Cultura en Salta – Argentina

En Salta…

 

Tarjeta de invitación de Salta

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Diario El Tribuno de Salta

Posteado por: regalato | septiembre 11, 2007

AYUDITAS

Ayuditas 

Entre vidrieras, al paso de mi bastón, muy desanimada, movía la cabeza de un lado a otro. Allí, definitivamente, no había obsequio alguno que pudiera reflejar mi emoción por la boda de mi nieta Ana María.

Seguía cavilando… Si bien a los chicos les vino estupendo despreocuparse del costo de la luna de miel ¡Es tan frío regalar un sobre con dinero!

¡Oh!, me asombré de pronto deteniéndome en un bien iluminado escaparate. ¡Qué variedad de electrodomésticos! ¡Qué sofisticados! Recorría mi mirada: cuchillo eléctrico, multiprocesador, freezer con dispensador de agua helada, cocina dividida en partes: las hornallas por un lado… ¡y el horno por otro!, constaté, boquiabierta.

Así, despacito, rumiando incredulidad, me dispuse a seguir la marcha.  “¡Qué distinto a aquella época!”, comparé en el acto zambullida de cabeza en el túnel del tiempo. ¡Sorprendente!, ya no necesitaba bastón; mis jóvenes recuerdos me hacían sentir más liviana. Mi mente viajaba, mis latidos, la acompañaban jubilosos… En un simple pestañear, como por arte de magia, había llegado a mi período de recién casada… 

En aquel entonces la ropa se lavaba a mano y el hielo de la heladera se convertía en escarcha ¡Por supuesto!, picar era solo a cuchillo; el merengue crecía a tenedor y el justo sazón, sin eludir, lo regalaba la cuchara. La escoba y la franela, estaban a la orden del día, y el pulido de las ollas se hacía a puño y trapo… ¡Ah! ¡Imprescindible! El placer del buen comer comenzaba ¡siempre!, con aprontar la mesa, con mantel y servilletas de tela, con flores silvestres adornando su centro.  

Ayer, sin ir más lejos, a casi cumplir cincuenta años de casados, me comentó mi marido a la hora de la cena:

—Yolanda, ¡Qué delicioso! ¡Qué bien presentado! ¿Cómo hacés para que te alcance el tiempo?

—Alberto, ¡ahora, es mucho más fácil! —le respondí con un suspiro de alivio y una graciosa guiñada. Tengo múltiples ayuditas en casa. Y, sin duda, entre los electrodomésticos que cooperan conmigo, el primer premio lo merece la lavadora, ¡por lejos!                                                                 

El barullo del Shopping, poco a poco, me hacía volver al presente. Apenas abrir los ojos, de lleno, se estrellaron contra la figura de una impresora. ¡Fulminante! Se me solucionó el dilema por el regalo de mi querida nieta. ¡Eso es lo que necesito! ¡Una impresora! Y seguía dándole forma a la idea… Encargaré e imprimiré un regalo- pensamiento. ¡Algo original, inolvidable, sólo para ella…! Será una forma de susurrarle de mujer a mujer, en palabras entrelazadas como flores en guirnalda, alguna que otra ayudita…de esas que no se compran sino que se escuchan, y siempre vienen bien para lograr una buena convivencia. ¡Es tan sabio transmitir con amor el valor de la experiencia!  

Anita, nena ¡aún no lo puedo creer! ¡Ya estás por casarte! Fue ayer, parece, cuando toda enharinada, aún estirándote para llegar a la mesa, me ayudabas a preparar y a decorar los bizcochuelos. Yo te felicitaba por ser tan creativa. ¿Recuerdas lo que un día me preguntaste?: “Abuela, ¿Qué quiere decir creatividad?”. Yo, de reojo, mientras cuidaba el punto del merengue italiano, con infinita ternura te observaba. Eras aún tan chiquita para comprenderlo…

 Hoy, querida, contártelo, en el día de tu boda, envuelto en este regalo – pensamiento, es sentir que ese día ha llegado…

¿Sabes? Convivir y cocinar, muchas veces, están muy relacionados. ¡Observa! ¡Medita! ¡Recuerda!:

1-   Tener los ingredientes de la receta no asegura un buen resultado. Su calidad, es la clave del éxito.         

Casarse no asegura un buen resultado. ¡Amar con generosidad, es la llave del éxito! 

2-    ¡Mucha atención con la forma de mezclar los ingredientes! No es igual utilizar el polvo de hornear al principio que al final de un batido.             

¡Mucha atención con la forma de plantear las diferencias! Y, del momento, ¡por supuesto!, dependerán las consecuencias. 

3-  La adecuada temperatura del horno es básica. Un bizcochuelo con el horno frío no crece, con el horno caliente se arrebata.               

Un ambiente de armonía en el hogar es básico. Hace que se deseé llegar…, o se prefiera la calle.  

Ahora Anita, con mis ojos llenos de lágrimas, ha llegado el momento de responder a tu pregunta, aquella que me hiciste cuando niña.                  

Creatividad es convertir en inolvidable un simple arroz con queso.             

Creatividad es convertir en imperecederas dos sonrisas. Esas, las de hoy, las del instante en que juntos comiezan un camino. 

¡Y así querida, para tí, para que perfume vuestro recorrido, desato la cinta de estas palabras entrelazadas como flores en guirnalda!:          

¡Viste de fiesta a la rutina…! ¡Ponle música a la cena…! ¡Nunca pierdan la complicidad de una guiñada…! ¡Bailen descalzos aunque ya no tengan veinte años…!   

¡Éxito! 

Tu abuela Yolanda                                                                                                     

  Autora- María Cristina Galeano                                 

cristinagaleano@netgate.com.uy 

Posteado por: regalato | septiembre 11, 2007

AYUDITAS – Traducción al francés

AYUDITAS une petite histoire

Auteur: Maria Cristina Galeano Cristinagaleano@netgate.com.uy https://regalato.wordpress.com/ 

Traduction de l’espagnol au français :Maria Eugenia Vasquez Posada lepointcentral@yahoo.fr

Correction du texte :Jacques Moreau jacques.moreau45@wanadoo.fr

Posté par : regalato | Septembre 5, 2007 

« Des petites aides »Une petite histoire 

Parmi les fenêtres, au même pas que ma canne, très découragée… je bougeais ma tête d’un côté à l’autre… Là, en définitive, il n’avait pas un cadeau qui pourrait refléter mon enthousiasme pour le mariage de ma petite fille Ana Maria.

Elle continuait en cogitant… bien que pour les fiancés tout leur était venu à merveille, car ils pouvaient se détendre du coût de la lune de miel… !

Est tellement froid donner de cadeau une enveloppe avec l’argent ! Oh, soudain je me suis étonnée et me suis arrêtée devant une armoire illuminée. Quelle variété d’appareils électroménagers ! Quelle sophistication ! Mon regard se promenait : couteau électrique, multiprocesseur, congélateur avec distributeur de l’eau glacée, une cuisine divisée en parties : les plaques d’un côté… ! et le four d’un autre ! J’ai constaté et je suis restée bouche bée.

 Ainsi, doucement, en ruminant incrédulité, je me suis disposée à continuer la marche.  “Quelle différence du temps par rapport à cette lointaine époque !” j’ai établi immédiatement la comparaison, plonger la tête dans le tunnel du temps. !

Surprenant !  Je n’avais pas besoin de la canne ; mes jeunes souvenirs me rendaient plus légère. Mon esprit voyageait, les battements de mon coeur joyeux l’accompagnaient  Dans un simple clignement des yeux, comme par enchantement, j’étais arrivée à ma période de nouvelle mariée… 

A mon époque, le linge se lavait à la main et la glace du congélateur devenait gelée blanche ! Bien sûr ! Couper se faisait seulement au couteau ; la meringue se battait à la fourchette et l’assaisonnement se faisait à la cuillère.  Le balai et la flanelle, étaient à jour et le polissage des marmites se réalisait au poignet et au chiffon… ! Ah ! Indispensable ! Le plaisir de bien manger commençait toujours par dresser la table avec la nappe et les serviettes de tissu accompagnées des fleurs sauvages qui ornaient son centre. 

Hier, sans aller très loin et presque à point de fêter cinquante années de mariés, mon époux m’a dit à l’heure du dîner :  

     Yolanda, quel délice ! Quelle jolie présentation de tout ! Comment est ce que tu fais pour élargir ton temps ?

     Alberto, maintenant tout est plus facile ! – j’en lui répondu avec un soupir de soulagement et un gracieux clignement.  J’ai de multiples «petites aides » à la maison. Sans aucun doute parmi touts les appareils électroménagers qui coopèrent avec moi, le premier prix le mérite le lave-linge… !

La pagaille de la boutique, petit à petit, me retournait au présent.  A peine mes yeux ouverts, ils se sont écrasés contre la figure d’une imprimante. Foudroyés ! J’ai réussi à résoudre le dilemme pour le cadeau de ma chère petite-fille :

 C’est ça dont j’ai besoin ! Une imprimante !… Et elle continuait en donnant forme à l’idée… Commanderai et imprimerai un cadeau pensé.  Quelque chose d’original, inoubliable, seulement pour elle… ! Ce sera une forme de le chuchoter de femme à femme. Je lui ferai avec des mots entrelacés comme des guirlandes de fleurs, quelque « petite aide » comme celles que ne s’achètent pas mais qui s’écoutent et toujours font du bien pour réussir une bonne vie  commune.  C’est très sage de transmettre avec amour la valeur de l’expérience !

 Anita, ma petite ! Encore je ne peux pas croire ! Déjà tu vas te marier ! C’était hier quand toute enfarinée, sans encore atteindre la table, tu m’aidais à préparer et décorer les petits biscuits.  J’ai te félicitais pour être si créative.  Tu te rappelles de ce qu’un jour tu m’as posé comme question ? « Mami, c’est quoi la créativité » ?

Moi, en te regardant du coin de l’œil, pendant que je surveillais la cuisson de la meringue italienne, avec une infinie tendresse t’observais. Tu étais encore si petite pour comprendre…        Aujourd’hui, ma chérie, je te le raconte le jour de ton mariage, enveloppé dans ce cadeau pensé, et sentir que ce jour là est arrivé…

        Tu sais ? Vivre ensemble et faire la cuisine, sont des choses souvent liées. Observe-toi ! Réfléchis ! Rappelle-toi :

 1. Avoir les ingrédients de la recette ne nous assure pas un bon résultat.  Sa qualité, c’est la clé du succès !

 Se marier n’assure pas non plus un bon résultat. Aimer avec générosité, c’est la clé du succès ! 

2. Faites beaucoup attention à la forme de mélanger les ingrédients : Ce n’est pas le même chose d’utiliser le poudre avant ou après.

 Il faut beaucoup d’attention à la manière d’aborder les différences ! Et chercher le moment adéquat pour le faire, bien sûr ! De cela dépendent les conséquences. 

3.  La température du four est très importante. Un petit biscuit avec le four froid ne peut pas pousser mais si le four est chaud le petit biscuit peut exploser !

Une ambiance d’harmonie dans le foyer est nécessaire. Cette ambiance fait que l’on veut rentrer ou préfèrer la rue…

Maintenant, Anita, avec mes yeux pleins de larmes, le moment est venu de répondre à ta question, la question que tu m’as posée quand tu étais une petite fille. La créativité est de pouvoir convertir en inoubliable un simple plat du riz avec du fromage. 

La créativité est de convertir en impérissables deux sourires…Les sourires d’aujourd’hui… juste ces deux sourires de l’instant dans lequel vous deux commencez un chemin ensemble ! 

Et ainsi ma chérie, pour toi, pour parfumer votre parcours, je défais le ruban de ces mots entrelacés comme des guirlandes de fleurs :

 Habillée de fête la routine… ! Mets de la musique au dîner… ! Jamais laissez la complicité d’un clin d’œil… ! Dansez à pieds nus quoique vous n’ayez pas vingt ans… !

Beaucoup de bonheur  vous deux !

Votre grand-mère, 

Yolanda   

Posteado por: regalato | septiembre 10, 2007

MUÑECAS Y PELOTAS

Muñecas y Pelotas   

 Regalo- pensamiento

 Lucía, hermana, ¿viste como somos los adolescentes? ¿Será que sentimos demasiado? ¡Es cierto! ¡Somos contradictorios! Queremos decir una cosa y terminamos gritando la opuesta. Deseamos que nos escuchen, y a la misma vez…,¡cómo nos cuesta expresarnos…! Por todo ello, y aún mucho más, tenemos fama de ser difíciles para la convivencia. Es que hay que estar en nuestro pellejo. ¡Es una lucha!

  Por este motivo querida, al encontrar en internet un servicio de cuentos- pensamientos a medida, como flash se me ocurrió una ingeniosa idea: te dedicaría uno, con mis recuerdos de nuestra niñez, para por siempre…,estar cerquita tuyo. Es tan bueno, sin ser malinterpretados, poder decir: “Te quiero”. 

También expresaría,—sin irme por las ramas—, mi profundo sentir del sábado pasado, cuando en el living de casa, tú, después de correr hacia la puerta y regresar sonrojada, con luz en tu sonrisa me dijiste tartamudeando: “Juan Manuel, hermano, te presento…él, es Diego, mi novio”… Lucía, de tan embobada ¿no te diste cuenta que quedé hecho piedra? ¡Te quiero…! Pero. ¡qué tarada! 

Ay hermana, ¿cuándo fue? ¿En qué punto fue que largamos? ¡Crecimos, crecimos, crecimos! ¿Por qué, tan rápido?

 Papá y mamá, ¡la verdad, no pueden quejarse! Con diferencia de un año, lograron a su tan ansiado casal: varón mayorcito, nena preciosa con hoyuelos en las mejillas. Ni tiempo para celos tuve. A mi vida te incorporé de un saque. Fue en el preciso momento cuando mamá me mostró su panza. Intuición de golazo que le dicen: te sentía como algo intangible, pero, de que te acercabas…, estaba segurísimo. 

Por muchos años compartimos el cuarto. Muñecas y pelotas no andaban entreveradas; aunque, a veces, shhh, ¡inolvidable!, de a rato cambiaran de bando. ¡Fastidiosa!, me obligabas a hacer de padre de tus barbies, pero tú…,¡qué bien pateabas de zurda!

¿Recuerdas?, ¡qué divertido! Para dormirnos, entre pulseadas, nos gritábamos: “¡Idiota! ¡Apagá la tele!” 

Algunos años después, recordarás, papá, con su primer ascenso, logró por fin descomprimir un poco a la familia.               

¡Sí, Lucía! ¡Hacé memoria! ¡No puede ser que no te acuerdes de aquella linda casita que tenía tres dormitorios! Ese fue nuestro despegue. Pero, te aclaro, nena, que si bien dormíamos separados —mis juguetes, conmigo, y los tuyos, contigo—, con el escritorio, no teníamos zafe. Había que compartirlo para hacer los deberes. ¡Insoportable! Tú, en tercer año de escuela, con uniforme, trenzas y la muñeca al lado, ¡me volvías loco! haciéndote memorizar las tablas…Sin embargo, ni te imaginas lo feliz que me ponía al verte acarrear tu colchoncito rosado. Dormida parecías un angelito. Por supuesto, yo dormía en el piso, y tú, pilla, calentita, en mi cama. 

Y así, arrebatándonos infancia, sin aún comprender bien el porqué ni el para qué, la vida nos empezó a meter en una vorágine. Un grado seguía al otro, nuestras actividades extracurriculares comenzaron a multiplicarse. ¡Qué pena, Lucía! A ti y a mí, se nos había escapado el tiempo de la rueda – rueda…

 Imposible casi divertirnos con los juegos de mesa en que solías ganarme –a veces con alguna trampa—, o, simplemente, sentarnos en la alfombra, bien pegaditos, sonrisa contra sonrisa, a escuchar un poco de música! ¿Recuerdas? ¡Ah! ¡Cómo nos gustaba…!

  ¿Papá? ¡Insufrible!, hasta en la cancha se vanagloriaba: “Juan Manuel…, salió a mí, ¡Es tan aplicado, tan buen alumno!” Contigo, se conformaba: “¡Y, bueno! No todos nacen para el estudio. ¡La nena igual es divina! ¡Tan cariñosa, tan simpática!” 

 Y así, sin que la vida nos regalara una posición adelantada, sin goles en contra ni palo, los dos, haciéndonos los re cancheros, pasamos al secundario… ¡Otra vez las cajas de mudanza! Esta vez—y espero que sea la última—, aterrizamos en esta casa de dos pisos, con jardín,  piscina y garaje para dos autos…Tu cuarto, ahora, está de un lado, y el mío, al final del pasillo. Cada uno, por supuesto, tiene su TV a color, su lector de CD y su grupo de amigos. 

¿Qué se sabe de mí? Que estoy en el sub diecisiete, que no pierdo un solo examen y que acabo de salvar el  First Certificate. ¿Lo que nadie sabe y me muero por contarte…?

—Lucía ,¡cómo me molesta! ¿Notaste como el viejo, sin preocuparse por lo que me gusta, insiste en incluirme en sus proyectos? ¡No quiero! ¡Para nada! ¡Cuánto más me lo diga, peor!”. Shhh, ¡entre nosotros!: sigo siendo responsable con el estudio, pero mucho menos aplicado. ¡Las chicas me tienen loco!  

 ¿Qué se sabe de ti?  Que estás muy bien posicionada en el ballet de cámara ¿Papá? ¡Agradecidísimo! ¿De qué?  De que raspando termines el secundario. Shhh, hermana, y…, entre nosotros, ¿qué tenés para contarme? ¡Dale! ¡Atravesá el pasillo! ¡Vení corriendo! ¡Apurate! 

Y así, Lucía, como los minutos no se detienen, hayas o no memorizado las tablas, y yo, metido o no un gol de media cancha, llegamos al día sábado pasado, cuando te vi correr hacia la puerta, y recién me di cuenta… que ya no usabas trenzas. ¡Qué pena! ¡Cada día más lejos del tiempo de la rueda- rueda! 

 ¡Querida! ¡Prestá atención! ¡No te distraigas…! El presente es aterrizar con todo el equipaje: con muñecas, risas, peleas, juegos y pelotas… con todo lo que llevamos compartido desde el día que nacimos. Oigo, me parece, aquella tan linda música que escuchábamos sonrisa contra sonrisa. Imagino, verte llegar con tu colchoncito rosado ¡No! ¡No veo bien! ¿Por qué veré difuso? Shhh… ¡No le digas a nadie…! Me parece que estoy llorando.

Por eso, Lucia, porque sos mi hermana del alma, y si se te cae una lágrima me echan de la cancha, te aclaro desde el vamos, que le vayas explicando a “ese” el asunto de los penales.

 Ay hermana, ¿cuándo fue? ¿En qué punto fue que largamos? ¡Crecimos, crecimos, crecimos! ¿Por qué?…, ¡tan rápido! 

Autora – María Cristina Galeano

cristinagaleano@netgate.com.uy       

Posteado por: regalato | septiembre 9, 2007

MAQUETTE

Maquette – English MAQUETTE – a short story by Cristina Galeano (Uruguay)cristinagaleano@netgate.com.uyhttps://regalato.wordpress.com/ Translated from the Spanish byChristopher Rollason – rollason@9online.fr  **  

 The minute I downloaded my emails, my gaze was drawn, as if by a magnet, to your name: ‘Fernando Salgedas’ …  No message could impact on me like one from you. I adjusted my multifocal glasses, took a sip of coffee and, unable to waste a single second more, opened it excitedly.  

Daniel:

Remember me? I’m Fernando, your old friend from the Architecture Faculty. I found your email address on your website.

 It looks like you’ve done well professionally. I hope you have in your life too! Twenty years ago it was – I wonder if you remember – when I ran into you in the street, with my brand new architect’s diploma under my arm, there right at the turning-point of my life, I told you I’d just had a really exciting job offer from New Zealand. I was sure that if I was to get on in life I needed to go away. I was so full of enthusiasm, of course, that I didn’t register your reply: ‘Fernando, don’t go! Don’t give in to can’t be done!’

With visions of  landscapes in my head, even fantasising some dream supermarket, not realising everything has to be paid for, I didn’t even say goodbye to the neighbours: I stuffed a few things into a suitcase and took a first-class flight out.And that, my friend, was how I started from square one. 

Today, twenty years on, with a fat chequebook but not a single friend, here I am on this very special day. Now I’ve reached the age when you stop in your tracks to think: here I am at fifty.   Some people I know here have offered me either a party in a five-star hotel or a luxury cruise.

 As for myself, all I want is for you to see this message and wish me happy birthday! All the very best!                                              

Fernando  **************************************************************************************************************************************************Fernando: What  Fernando

Better could I do than be at your side on this day of all days – and send you my gift-thought. It’ll leave here in a flash and reach you in the twinkling of an eye. It’s so important, on your birthday … to feel there’s a friend at your side! 

 How could I not remember you! A brilliant student, a university friend, someone I could really trust …! If you’d only known! I used to dream of having just half of your memory, a quarter of your designer’s skill, one tenth of your way with the girls.Not that we went out much back then; no, we studied hard, we breathed a sigh of relief every time we passed an exam, we shared dreams and conversations.

Usually, you’ll remember, we prepared the maquette together at your house. Your mother Sara was always around for our breaks: she’d knock-knock discreetly on the door, and then she’d come in, petite and tender, balancing a tray groaning with calories and soft drinks. An afflicted look on her face, she’d coax us: ‘Come on, eat, boys! You’re so skinny’! 

As far as the world of work goes, I can’t complain. I’m a respected architect and I even lecture at the university …. But how hard it was at the beginning! The miles I walked with a file tucked under my arm! I knocked shamelessly on door after door. I’d ask people: ‘Please, look at my plans’, and I’d leave my card. At night, my old friend, I racked my brains trying to figure out how to improve them, get them to stand out from the rest. ‘I just hope I make it tomorrow!’, I told myself anxiously as I fell asleep over the last words of the plan …   

But no suffering lasts forever – and no-one’s body can resist forever either – as you always used to remark between bursts of laughter – and in the end the day dawned when I was offered a first-class contract. ‘Who got it for you?’, asked some. ‘Pure luck!’, thought others. For myself, I believed it was the result of my unselfregarding perseverance.

 Fernando, now let me tell you what I’ve built in my life – for that’s a kind of construction too! I have a wonderful son, aged twenty-five: his name is Guillermo. Before you ask, no, he’s not an architect. He’s a musician and a very good one, and he moves in bohemian circles. To tell you a bit more about him: he’s a real stickler in his profession, and far more punctual than most. He’s well-off, but whenever he gets the chance he packs a rucksack and goes off to see the world.

 I admit not everything has gone well for me. I divorced his mother years ago, then I tried going out with a student for six months, and now I’ve just finished a relationship which didn’t come up to expectations.  

And so, rising up after I fall, trying to see the bright side of everything that happens to me, and presuming there’s no such thing as perfection, I still go on believing in can be done! 

Now here’s a coincidence! In a week’s time, it’ll be my fiftieth birthday too. Like you, let me tell you, I feel I have to weigh up the profit and loss.My family and friends have offered to hire a club, where we could even take our grandchildren. There’ll be music, food galore, a live show too.But what matters most, Fernando, isn’t all that! What matters are my feelings, the feelings that have kept me company in good times and bad.   

And that, my old friend, is why now more than ever, and however much I may have stashed in the bank, it’s impossible for me to forget the way you and I met just at that turning-point in your life, by chance or maybe not. And today, twenty years on, between these lines charged with emotion, you can hear my gift-thought saying these words to you:   

Fernando, my friend, the friend I could always really trust! Don’t feel alone on that day! Your friends are always with you, we’ve been through things together, we don’t need a business card! Let me send you an idea on the wing, an idea that turns into a proposal as it flies: Would you like to join my staff? I would feel so honoured if you agreed!

So, yes, my dear friend, don’t let life catch you napping – use that energy which always got you such good qualifications:         

  Create a new project! Take an inert space and stir it up! Close circles! Redesign interiors! Decorate your life! What have you got to lose? And how much you stand to win! Come back! Don’t give in to can’t be done! 

My greatest wish is, next Saturday at nine in the evening, to find you and me together, drinking to our half-century.  

 Happy birthday!  

Daniel  

cristinagaleano@netgate.com.uy 

www.regalato.wordpress.com

Posteado por: regalato | septiembre 8, 2007

MAQUETA

Maqueta 

 Apenas bajar los mails, tu nombre como imán atrajo mi mirada: “Fernando Salgedas”…No hubo mensaje que pudiera ganarle al tuyo. Me acomodé los multifocales, tomé un sorbo de café y no pudiendo desperdiciar un solo segundo más, lo abrí emocionado. 

 Daniel:

¿Te acuerdas de mí? Soy Fernando, tu compañero de Facultad de Arquitectura, Encontré tu mail en tu página Web. Por lo visto, te ha ido bien en tu profesión. ¡Ojalá, que también en la vida!

Hace ya veinte años, no sé si recuerdas, con mi flamante título de arquitecto bajo el brazo, me crucé contigo en la calle en el justo momento de mi disyuntiva. Te conté que me habían hecho una muy buena propuesta de trabajo en Nueva Zelanda. Convencido estaba, que para progresar, mejor, irse lejos. De tanto entusiasmo, por supuesto, ni registré tu respuesta: “Fernando, ¡no te vayas! ¡No te rindas ante el “No se puede”!

Soñando paisajes, idealizando hasta el supermercado, sin saber que todo tiene un costo, sin siquiera despedirme de los vecinos, llené una maleta con lo que entrara y me fui en primera.Así fue, amigo, mi comenzar desde cero. Hoy, veinte años más tarde, con mi abultada chequera pero ni un solo amigo, llegué a este día tan especial, a una edad que mueve y te hace pensar… los cincuenta años. Conocidos de por aquí me ofrecen una fiesta en un hotel cinco estrellas o un viaje en crucero.Yo, solo deseo que te llegue este mail y me digas: ¡Feliz cumpleaños!

 ¡Un abrazo!                                             

Fernando 

**************************************************************************************************************************************************Fernando: ¿Qué

Fernando

¿Qué mejor para estar a tu lado en esta fecha tan significativa, que enviarte mi regalo- pensamiento? Es algo que se irá de aquí en un segundo y llegará a ti en un instante. ¡Es tan necesario en el día del cumpleaños…,  sentir la compañía de un amigo! 

¡Cómo no me voy a acordar de ti! ¡Brillante estudiante, compañero de carrera, confidente de aquellos…! ¡Si supieras!, yo soñaba con tener la mitad de tu memoria, la cuarta parte de tu trazo, la décima parte de tu seducción con las chicas. Sin embargo, eran épocas de pocas salidas; más bien, de meter horas de estudio, de respirar con alivio por cada aprobado, de compartir sueños y charlas.

Generalmente, recordarás, para preparar la maqueta, nos reuníamos en tu casa. Sara, tu madre, siempre pendiente de nuestros horarios de descanso, “Toc toc”, bajito golpeaba la puerta, y ahí, entraba, menuda y tan tierna, haciendo equilibrio con una bandeja repleta de calorías y refrescos. Con expresión acongojada nos insistía: ¡Coman chicos! ¡Están tan flacos! 

Con respecto a mi profesión, no puedo quejarme. Tengo un puesto de renombre y además doy cátedra….¡Pero que duro fue al principio! ¡Lo que caminé con mi carpeta bajo el brazo! Sin vergüenza golpeaba puertas y más puertas. Pedía: “¡Por favor miren mis proyectos!”…dejaba mi tarjeta. A la noche, viejo, me devanaba los sesos pensando como mejorarlos, como hacer para que se lucieran entre otros. “¡Ojalá que mañana lo logre!”, ansiaba antes de dormirme en la ultima letra. 

 Pero como no hay mal que dure mil años -¡ni cuerpo que lo resista!,- como entre risas tú acotabas siempre, no tardó en llegar el buen día de un excelente contrato. “¡Se te dio!”, dijeron algunos. “¡Tuviste suerte!”,  pensaron otros. ¡Yo no!, solo se lo atribuí a mi altruista perseverancia.  

Fernando, paso ahora a contarte lo que construí en mi vida. ¡Esas también son obras! Tengo un hijo maravilloso, de veinticinco años, llamado Guillermo. Antes que me lo preguntes, te diré que no es arquitecto. Es músico, un muy buen músico además de bohemio. Para contarte algo más de él, te diré que es meticuloso con su trabajo, puntual como pocos, gana muy bien, pero siempre que puede toma la mochila y se va a descubrir el mundo.

También, te aclaro, tuve algún que otro derrumbe. Me divorcié de su madre hace años, intenté una convivencia con una alumna por seis meses, acabo de terminar una relación que no valía la pena. Y así, levante tras tumbo, rescatando lo positivo de cada vivencia, asumiendo que la perfección no existe, igual sigo creyendo en el: “¡Siempre se puede!”.

  ¿Y, sabes una coincidencia?: de hoy en una semana, yo también estaré cumpliendo cincuenta años. Igual que tú, te confío, siento que es un “balance de costos y utilidades”.

Familia y amigos me ofrecieron alquilar un club para poder llevar hasta los nietos. Habrá música, comida que sobre y hasta show en vivo. Pero lo más importante Fernando, ¡no es eso!  Es que estarán mis afectos, esos que en las buenas y en las malas acompañaron mi trillo.  

Por lo tanto, viejo, como nunca, por más dinero que tenga en el banco, me he podido olvidar de aquel casual o causal encuentro en medio de tu disyuntiva, hoy veinte años más tarde, entre estas líneas repletas de emoción mi regalo – pensamiento, te habla de esta manera: 

Fernando, ¡confidente de aquellos…! ¡No te sientas solo en tu día! ¡Los amigos estamos siempre, somos historia compartida, no precisamos tarjeta…! Te lanzo una idea que al vuelo se transforma en propuesta: ¿formarías parte de mi Staff? ¡Qué honor sería para mí si aceptaras! Así que ya querido, sin que la vida te descubra ocioso, pon en marcha la dinámica en la que siempre obtenías tan buenas calificaciones: 

           ¡Crea un nuevo proyecto! ¡Mueve espacios rígidos! ¡Cierra círculos…! ¡Rediseña interiores…!  ¡Decora tu vida! ¿Qué puedes perder? ¡Cuánto podrás ganar…! ¡Regresa…! ¡No te rindas ante el “No se puede”!  

Mi mayor deseo es que el próximo sábado a las 21 horas, brindemos juntos por nuestros cincuenta. 

 ¡Feliz cumpleaños!

 Daniel 

Autora- María Cristina Galeano

cristinagaleano@netgate.com.uy 

www.regalato.wordpress.com

Posteado por: regalato | septiembre 8, 2007

CUMPLEAÑOS ARCOIRIS

CUMPLEAÑOS ARCOIRIS

 

¡Increíble Silvana!, hoy, entre modorra y sorbos de café con leche, mis ojos, de pronto, se despabilaron asombrados. Aunque aún no había amanecido, un rayito de luz color arcoiris, entraba por la ventana de la cocina con un halo de fantasía…

 Como mirando los pasitos de un gorrión que va en busca de su miguita, así, yo sentía algo muy, muy calido dentro de mi pecho. Poco a poco, más y más, un recuerdo color plata – luna llena, iluminó mis pensamientos aún algo perezosos… Se movía, parecía que volaba, me pedía que lo dejara libre un ratito, que te susurrara un secreto que no sabías. ¡Oh, sí! ¡Bellísimo aquel recuerdo! Apenas llegó a mi corazón, brilló con un color sol- dorado.

 

Silvi, hija ¿a ver si adivinas de cual recuerdo te hablo? ¿Quieres una pista? ¡Bien! Se trata de un recuerdo muy especial… uno muy nuestro… Lo revivimos cada año cuando tú, entre mis aplausos, con un enérgico soplido apagas  tus velitas de cumpleaños… Brilla, cuando corro a tu lado; y, ¡ganándoles todos!, te doy el primer abrazo.

 ¿Ya te diste cuenta? ¡Claro! El recuerdo dorado era aquel inolvidable, lejano, y a la vez tan cercano 19 de Julio, el día que llegaste al mundo…bien sabemos nosotras hace cuantos años… Aquel intuirte en cada contracción, igual a pesar de alguna quejosa exclamación… siempre con una suavecita caricia sobre mi panza.

 

 Reflexioné entonces algo desconcertada:

 

Mmm… ¿Qué obsequiarle a mi por siempre querida hijita que haya deseado y aún no haya tenido ¿Quizás algún perfume? ¡No, ya sé!, ¡mejor alguna pilchita acompañada de una rica torta de chocolate!, ¿o, quizás…?

 ¡Noooo Cristina, más de lo mismo, no! – me rezongó una lucecita anaranjada. ¡Todo eso es demasiado poco para tu hija! Y, ahí nomás, me sugirió una idea color – verde – esperanza:

¿Porqué, no regalarle un regalo – pensamiento? Uno, que no le quede grande ni chico, que quepa en las líneas de una hoja y que contenga su fecha, día y hora de nacimiento. ¡Es tan lindo hablarle bien bajito al corazón, con la voz del sentimiento!

 

 

Silvana, querida, quizás nunca te lo había dicho antes, pero para tu papá y para mí, cada 19 de Julio, a las 20.03, no importa si llueve, truena, hay  veranillo o siete grados bajo cero, ¡siempre, es el día de la madre, el día del  padre y el día del hijo! ¡Todo combinado!  

Hoy hace fecha, de cuando extasiados, miramos por primera vez tu carita de ángel color blanco inmaculado. Shhh, hijita, ¿un secreto..? Apenas apretarnos el dedo con tu manito rosada,  entre colores de arcoiris, de un solo suspiro… supimos que la felicidad se llamaba Silvana

 

¡Felicidades!

Mamá

 

Autora –  María Cristina Galeano

cristinagaleano@netgate.com.uy

www.regalato.wordpress.com

 

Posteado por: regalato | septiembre 8, 2007

EL JUEGO DE LAS ADIVINANZAS

El juego de las adivinanzas 

Regalo- pensamiento

 Melody, hija, ¿jugamos? Yo comienzo:

 Hora – 3 de la tarde.

Acción – Prueba de tu vestido de quince.

 Lugar– La casa de la modista.

Situación – Esther, detallista, te ajustaba aún más el talle con el lazo de encaje. Con sus gráciles manos de hada, armaba y levantaba los voladitos de tus mangas. Me sentí, ¿cómo expresarlo…?, con esa sutil sensación de cuando la arena se nos va escabullendo de las manos…, despacio, grano tras granito, despacito. ¿Cuál es la palabra?: Melancolía.

De pronto, de reojo, me miraste con una sonrisa. Aleteó mi corazón ¿Cuál es la palabra?: Dicha 

 Hora – 8 de la noche.

Lugar– Tu dormitorio.

Acción – Tú aprontándote para un cumpleaños. La tarjeta invitaba a las 9.

 Situación – Yo, incómodamente sentada en tu cama llena de migas y papelitos -y ya bastante mareada por aquella música a todo volumen-, ahogando un desesperado grito de: “¡Cuándo vas a arreglar el cuarto!” ¿Qué hice?: simplemente, levanté una caja del piso y suspiré profundo. ¿Cual es la palabra?: Paciencia. 

 La caja, con expresión de triste estaba tapada de polvo ¡Sorpresa! ¡Era tu colección de hojitas! Como un pájaro voló hacía ti mi mirada en medio de tu carcajada. Caminabas a pasos de garza. Ruidoso secador, fatigado inalámbrico… ¡Ay, hija!, ¡estabas tan lejos de mí! Me sentí ¿cómo explicarte…? ¿Cuál es la palabra?: Desubicada.

 Acción – Me vi reflejada en el espejo de tu ropero…

Situación – Por un lado, furiosa conmigo misma, me señalaba con el dedo: ¡Tonta, tonta, tonta! ¿Por qué no salís yaaa corriendo de este cuarto? Por otro, paralizada, ¡tu dirías, insistente!, tratando de estar cerca de ti, aunque fuere otro ratito, ¿qué hice?: comencé, una a una, a acariciar tus hojitas con cara de embobada.¿Cuál es la palabra?: Incoherencia. 

De textura aterciopelada, fucsia, con moñas y corazones…, suave, color verde agua, con muñequitos de nieve y trineos…, brillante, color rosa claro, con golondrinas y mariposas… ¡Oh, Melo! Hacía tanto tiempo…, no corrías hacía mí con aquel: “¡Mami! ¡Qué hojita preciosa!” ¿Cuál es la palabra?: Nostalgia. 

Tal cual volara por las nubes, flotaba, flotaba en el aire como la espuma. ¡Aterricé de bruces! A mis pobres oídos, los taladró el desquiciante: “¿Y…, qué me pongo?”. Sin embargo, querida, ¡me conocés de sobra! ¡Soy fuerte! ¡Resistí todavía! Hasta que algo, cinco minutos más tarde, derramó la gota del vaso.¿Cuál es la palabra?: Agudo. 

Ni más ni menos, aquella nota musical me traspasó los sesos. Con una hojita rosada como único botín, ¡ahí sí!, despavorida salí huyendo de tu cuarto y me refugié en la computadora. ¿Cuál es la palabra?: Sobrevivencia. 

Sumergida en ella, muy sola, demasiado triste, mi alma pedía a gritos expresar sus sentimientos ¿Qué hizo?: sugirió a mis dedos escribir en el teclado.¿Cuál palabra?: Regalo.  

Ágil como mariposa, me revoloteó una multicolor idea: Buscar algo, que sin ser denso, sea muy, muy tierno; que pudieras guardar en el cofre del tiempo y desempolvar en cualquier etapa de tu vida. ¡Mágico! Más liviana y aún más colorida, la mariposa se posó sobre dos exclamaciones: ¡Imborrable! En tu hojita color rosa claro podrían quedar impresas esas tres palabras que jamás pasaran de moda… ¡Profundo! En el día de tus quince, podría hablarle a tu corazón, bajo, bien bajito…, susurrarte aquella poesía…, que te canté como arroró, apenas sentir tu aroma a recién nacida.¿Cuál es la palabra?: Regalo – pensamiento. 

¡Atenta Melody! ¡Sigue el juego! Ahora es tu turno: de textura aterciopelada, fucsia, con moñas y corazones…Es algo que da mucho color no importa la cantidad de años del que lo siente; se disfruta a pesar de la distancia, y con llantos o risas se enciende. ¡Eso sí!, ¡es de delicada!¿No la adivinaste? ¿No es fácil de hallar? Estamos de acuerdo. ¡Pero cómo vale! ¿Una pista?: está muy, muy relacionada con otra de tus hojitas. Sigo con ella. ¡A ver si tenés mejor suerte! 

Suave, color verde agua, con muñequitos de nieve y trineos.Es algo blanco como la nieve. ¡Y de exigente! Detesta manchas y no va con borrones ni cuentas nuevas. Como un trineo te desliza lejos, y en su camino es cuando sentís que valió la pena. ¡Otra difícil! ¡Ánimo…, quizás, la próxima! 

Brillante, color rosa claro, con golondrinas y mariposas. Es algo impalpable, ¡y tan luminoso! Hace que la memoria sufra lapsos de amnesia y el corazón baile a ritmo de salsa. No se compra ni se vende, ¡se regala! Para siempre solo anida en un tibio lugar. Herido por una desilusión puede emigrar lejos.  ¿Cuál es la palabra? ¿Una pista?: conoce, entre tantas, de melancolía, de paciencia, de incoherencia, de nostalgia, de dicha, de sobrevivencia. Hoy, en mi corazón, está en agudo… a una semana de tus quince años.   

 ¡Escucha querida! ¡Baja el volumen! Recibe este sutil regalo que para ti he construido. Lo fui armando pensamiento tras pensamiento, suspiro tras palabra, suave, dulcemente. Como lazo de encaje lo irá ajustando aquella tan bella poesía. ¿Lugar?: la sala de parto…. ¿Situación?: apenas sentir latir tu corazón bien pegadito al mío: 

 Hija, es maravilloso anidarte en mis brazos.

Mi mano, con aleteos de mariposa se va acercando a tu mejilla de terciopelo. Cierro los ojos… Pido tres deseos que me deslizan al cielo: 

Que la amistad de color a tu día a día. Que la sinceridad marque tu camino. Que el amor te haga brincar de alegría. 

Hija, mi mano roza la delicadeza de tu mejilla de terciopelo. Con dulzura de hada voy acercando mis labios a tu aroma de recién nacida. El corazón se me llena de estrellitas. Siento un amor para toda la vida. 

Aún no sé cual será tu nombre…

Hija, chiquita, despacio, despacito, vas abriendo los ojos. ¡Qué profundo me miras! Pareces decirme: “Hola…, mami”. Una muy, muy dulce melodía desde el alma llega a mis oídos.Ya sé cual será tu nombre. Después del primer besito te susurro:

“Hola…, Melody”.  

AUTORA – María Cristina Galeano

cristinagaleano@netgate.com.uy  .   

Posteado por: regalato | septiembre 8, 2007

UN GOL DE MEDIA CANCHA

Un gol de media cancha

Regalo – pensamiento 

La televisión desprendía consumismo. Se avecinaba el día del padre. Entre tantos melosos abrazos y reflexivas palabras, una propaganda de calzado deportivo atrapó mi atención. Se trataba de un niño delgado, de unos ocho años, de piel trigueña y ojos verdes. Acababa de rematar un golazo de media cancha. Todo transpirado miró para el cielo y como un huracán corrió imparable a los brazos de su papi. Su mirada le decía… 

-Raúl, ¿qué te gustaría regalarle a tu papá?, casi desde la puerta de calle, guardando la tarjeta de crédito en su billetera, me preguntó Leonor, mi señora. Y seguía: al mío estoy en la duda, si un suéter de lana, una billetera de cuero o un pantalón de gabardina. Algo más creo que murmuró ya en la luna, con las llaves del coche haciendo de castañuelas. 

Mi reacción inmediata fue apagar la tele. Como león enjaulado comencé a atravesar la sala; iba y venía… iba y venía… ¡Ni que esguince ni que contractura de espalda! Era otra cosa la que me preocupaba, y, mucho, ¡demasiado!: el regalo de mi viejo.

Fue justamente mirando la computadora que recordé que existía un servicio de relatos y cuentos a medida. ¿Qué sería eso? ¡Investiguemos!, me dije. 

Leí: ¿Alguna vez regaló una emoción? ¿Alguna vez contó un sentimiento? 

¡Suficiente! Ya estaba convencido. Quería uno y lo antes posible. Segurísimo estaba que no habría mejor regalo en el mundo para mi padre. Qué fantástico sería poder contarle sin prisa, en voz baja, asentado en el presente, con perspectiva al pasado, tantos y tantos sentimientos embuchados, vaya a saber por que causa. Mmmm, ¿regalar una emoción…no será lo mismo que regalarse?, curioso me pregunté, ya por mail enviando los datos. 

Papá: este regalo- relato, ni se porqué, me hace trasladar a mi época de niño, cuando para el día del padre te regalaba unas simples palabras escritas en una hoja suelta de cuaderno. ¡Y sí, ya lo sé!, muy prolijas no eran. Pero, ni te imaginas, lo que me esforzaba para emparejar las te con las eles ¡Qué paciencia la mía! Me tenías que ver guardar aquella hoja en la mochila, las vueltas que le daba cuidando que no se le doblara ni una puntita. Luego, corría, corría, por la vereda con mi tesoro. Deseaba como nada en el mundo darte mi regalo. Pa, ¿lo recuerdas? 

 Luego llegó el secundario. Ya no corría; más seriecito había entrado en la etapa de la vergüenza. ¿Cómo iba a regalarle a mi viejo una hojita? Mejor una crema de afeitar o un perfume. Como para ganar unos pesitos trabajaba medio horario de cadete en una farmacia, te confío: los conseguía a buen precio.

Ya sabes, nunca fui un estudiante que te llenara de orgullo. La llevaba facilísimo; me esforzaba lo necesario, igual pasaba de grado… ¡Qué mala suerte! Aquellos tiempos justo coincidían con tu menos paciencia y con mi explosiva rebeldía. Me gritabas: “Qué vas a hacer con tu futuro”. Yo te retrucaba: “No te metas en mi vida”. ¿Te acuerdas, padre? 

Entre incertidumbres, sin tener aún claro lo que quería, -y te confío hoy- para no escuchar más tu musiquita, me zambullí de cabeza en la Facultad de Ingeniería. Por supuesto, la primera clase de matemáticas me indicó que ¡urgente!, rumbeara para otro lado… Viejo, ahora que miro para atrás, me parece ver una vena que marcaba tu frente al abrirme la puerta de calle. Tu mirada tenía una expresión que me quedó grabada. ¿Qué estarías pensando? 

Y así, entre recomendaciones de tus amigos y pasantías, un soleado día de verano, tuve que dejar definitivamente de lado el bronceador y calzarme el traje cruzado. Del estudio, ¡mejor ni hablemos! Por supuesto ya ganando un mejor salario, ¿qué me costaba meter un lindo tarjetaza para comprarte una buena pilcha de marca? ¡Qué agrandado y consumista era. ¿Recuerdas, viejo?  

De ahí en más, -ni sé porqué-, los años parecieron acelerarse. El primer cambio de trabajo, coincidió, ¡oh, casualidad!, con el día que conocí a Leonor en un baile que dio en su casa. Al año, ya era la persona de confianza en la empresa de su padre. Para festejar, ¡qué mejor que comprometernos con baile de gala!; y, el tercero, a los tres años, con la dirección de la empresa arribó con una pregunta: ¿Porqué no darle el gusto?: ¿Qué más romántico que pasar la luna de miel en Paris y en un Bateau Mouche, navegar por el Sena? ¡Oh, viejo! ¡Otra vez veo tu arruga marcada en la frente!

Ni Champs Elisées ni Moulin Rouge -te confío- alcanzaron para hacerme olvidar que pronto sería el día del padre. ¡Qué gusto fue para mí traerte de regalo aquella fina camisa de seda que combinaba tan bien con una corbata italiana! Viejo, ¿aún las conservas? 

¿Cuándo viene el nene? ¿Y, para cuando la nena? ¿Se van a quedar con el casal solamente?, nos bombardeaban las tías viejas, sin tregua. Cuando nació el tercero, Agustín, gritamos: ¡Cartón lleno!

En aquellos tiempos sí que hacíamos ejercicio. Corríamos tras los nenes, muchas obligaciones de la casa, tantos proyectos. ¡Parecía llegar aún más de prisa cada día del padre! Leonor se ofrecía a comprar tu regalo. Yo delegaba. Igual nunca te faltaba.

¿Entre nosotros?, como tú dices,  ¿verdad que no tiene mi buen gusto?  Pero, lo importante, lo que no quiero perder de vista, viejo, es agradecer, que aunque con algún traspiés, tú y yo, aún estemos en tiempo de alargue; ¡y, como si fuera poco!…, hoy me haya llegado el día, en que una luz me alumbró y tan claramente me recordé, trigueño, de ojos verdes, estirando aquella hojita suelta de cuaderno. “¡Ojalá no se me arrugue ni un poquito!, pedía al cielo con ocho años.

 ¡Increíble! Hoy por hoy, aunque tantas veces no lo quiera asumir, ya llegué a tu edad, ¡aquélla! Mis hijos son los adolescentes, los que me gritan: ¡No te metas en mi vida! Te confío, bajito: recién con el hilo de estas palabras, estoy descubriendo el porqué, al abrirme aquella puerta, se marcó una arruga en tu frente. Me estoy mirando al espejo, ¿sabes?, también me la encuentro. 

 ¿Una buena? Estos, querido, son tiempos de coincidencias; aunque a veces te pongas un poco rebelde, yo ya tengo más paciencia. ¿Leonor y yo?: ¡Y sí!, ya nos sacamos unas cuantas amarillas. La roja, la rozamos en el bolsillo.

 ¿Qué quiero de mi futuro? A veces quedarme quieto, a veces volver a empezar, ¡tantas veces cambiar de rumbo! ¿Ahora, en este preciso instante? ¡Una sola cosa deseo!: aprovechando que el juez todavía no pitó, mirar de frente, hacer un gol de media cancha. ¡Pa!, te veo allá parado, ya no tan lejos, me siento tan bien cuando me miras. Corro como un huracán, corro sin acordarme del esguince, corro todo transpirado. ¡Parezco volar hacia tí con mi regalo! ¿Sabés papá?, sigo rogando que no tenga una sola arruga, sigo queriendo que me abraces, mi mirada continúa diciéndote: “¡Te quiero!”. Me siento regalado. 

¡Muy feliz día!

Tu hijo 

AUTORA- María Cristina Galeano

cristinagaleano@netgate.com.uy     

Posteado por: regalato | septiembre 7, 2007

PALABRAS

Palabras 

Regalo – pensamiento 

Querido hijo:  

¡Mil gracias! Realmente me dejaste sin palabras. Tu regalo- relato, fue por lejos el mejor obsequio que tuve en mi vida.¿Entre nosotros? Me esperaba un suéter de liquidación, u otra opaca billetera. Dicho sea de paso: “el gusto de Leonor, ¡ni se acerca al tuyo!”

Como sabes, soy muy concreto y bastante ansioso; decidí, también, recurrir a ese original servicio, sin demora. Esta variedad se llama regalo- pensamiento. ¡Eso sí!, en vez de imprimirlo para  entregártelo personalmente, preferí enviártelo por mail. ¿Por qué? Simplemente, hijo, para que cuando hoy prendas la computadora y lo leas, sepas, que siempre podrás contar conmigo. ¡Si recordaré aquellas hojas sueltas de cuaderno! ¡Ni que imperfecciones ni que mala letra! Solía coleccionarlas una a una y tenerlas bien a mano. Raúl, ¿te gustaría venir una tarde de estas y leerlas juntos?  

¡Mirá que tenés memoria viejo! Me hiciste acordar de tu secundario.  ¡Cierto!, sabía de sobra que no eras de los que pasaría con doce.  ¡Pero no te equivoques! No por ello dejaba de estar orgulloso de ti. Crees que no me daba cuenta que llegabas corriendo,  largabas la mochila y casi sin almorzar, te ibas a trabajar a la farmacia. ¡Tranquilo! Las cremas de afeitar y los perfumes me venían al pelo.

 Igualito a ti, junto a ti, por ti, sufría con aquellas terribles discusiones. ¡No había dolor más grande! Impotente, furioso, culpable, era como me sentía por no encontrar las palabras adecuadas para que me comprendieras. Mis canas ya conocían de lo rápido que pasan los años,  sabían, que los chicos para acceder al mercado de trabajo, ¡cada vez!, tienen que estar mejor preparados.  Pero tú Raulito, con el  walkman puesto, ¡ni me escuchabas!

Por supuesto, cuando aquel primer día de clase regresaste cabizbajo de la Facultad de Ingeniería, nomás mirarte, querido, comprendí que no volverías. Reflexionaba: ¡Oh! ¡Qué difícil es ser padre! ¿Cómo convencer a un hijo de que puede estar por tomar el camino errado? ¿Cuáles serían las palabras para detenerlo?  A todos mis amigos les rogaba:”¿Tienen algún puestito para el nene? ¡Es tan bueno, tan honrado!“. Hasta que un buen día, como tu dices, te calzaste el traje, y, sin ver un solo rayo más de sol, te sumergiste en la lúgubre oficina de mi primo. ¿Entre nosotros?: ¿Quién me entiende? ¡Me daba una pena bárbara! Ni siquiera me alegraban las pilchas de marca del día del padre.

 Ese misma noche, -así de simple y para hacerla corta-, bailando con Leonor, quedaste impactado con el mobiliario. Yo te observaba de lejos querido. ¡Ya veía venir lo que se vino!¡Varias buenas!, mejoraron los regalos. La camisa y la corbata italiana impresionantes. De los tres nietos todo es poco decir, son la alegría de mi alma. 

¿Alguna vez regaló una emoción? ¿Alguna vez contó un sentimiento?

 ¿Sabes?, esas palabras me quedaron dando vuelta en la cabeza… Al mirarme en el espejo, me hicieron enfrentar a un defecto terrible: me cuesta expresarme. ¡Observa cuánto! De niño, yo, emocionadísimo, te veía venir corriendo por la vereda con aquella hojita de cuaderno. Para mi también era un tesoro, ¿y que te decía?: “Gracias”.  De adolescente peor fue mi sufrimiento. Tantas veces quería abrazarte, ¿y qué hacía?: te gritaba “¡Qué vas a hacer con tu futuro!”.

Cuando te ennoviaste con Leonor cambié de táctica. Pensé: “Mejor no llevarle la contra”. Tampoco tuve éxito.

 ¿Entre nosotros? Recién ahora, a la vejez viruela, y gracias a que a través de tu regalo del día del padre, pude escucharte desde tan cerca, me estoy dando cuenta de que ¡por fin!, estoy expresando mis sentimientos. ¡Aleluya!

 Y así Raúl, lenta o rápidamente, no sé qué decirte,  llegamos a esta altura de la vida en que los dos ya vestimos canas y arrugas, y hasta estamos padeciendo los mismos achaques.  Es un andar más pausado, un sumar más coincidencias. ¿No te da la sensación de que  cada día nos separan menos años?  

El gusto es mío ahora, pues, treinta años más tarde, y aunque la vida te haya cobrado algún que otro gol en contra, obsequiarte este regalo – pensamiento. ¡Escúchalo!, te hablo sereno, sin gritos. ¡Sigo rogando al cielo que no tengas el walkman puesto!: 

¡Hijo, querido! ¡Por favor! ¡No te recrimines las jugadas! ¡No te detengas! ¡Sigue mirando para adelante! ¡La pelota es la vida! ¡Corre! ¡Corre! ¡Aún estás a tiempo de hacer un gol de media cancha!  

También me siento regalado por decirte las palabras que busqué durante tantos años: ¡Te quiero! 

¡Siempre de tu bando!

Tu papá 

AUTORA- María Cristina Galeano 

Posteado por: regalato | septiembre 7, 2007

UNA HISTORIA, DE ABUELA

Una historia, de abuela 

 Regalo- relato

 —¡Ye Ye! ,contame de la primera vez que me quedé a dormir en tu casa.

—Bueno, Lucas, si paras de saltar en el sommier con el “¡Lito – Ye Ye, Lito – Ye Ye” y al final me decís la palabrita mágica…

 —Casi a punto de nieve estaban las claras y riing riing, con ritmo de cascabeles, comenzó a sonar el teléfono. Era Silvana, tu mami, muy entusiasmada:

 -¡Mamá, hoy con Gonzalo tenemos un casamiento! ¿Lucas se podrá quedar a dormir en casa? ¡Ah, y me olvidaba! ¡Zas, ahí viene el mangazo!, intuí al instante: ¿Tendrás unos zapatos y algún chal para prestarme?

– Shhh, Lucas, ¡un secreto!: traslucía en su voz su cálida y compinche sonrisa ¿Sabés, querido?, si bien a ti, te veía casi a diario, aquella era la primera vez que te quedarías a dormir. Íntimamente, pues, desde algún lado de mi cerebro surgió una aterrorizante duda: ¡Oh, socorro! ¿Y si el nene extraña, y llora toda la noche? Sin embargo, mi corazón dictó la respuesta: ¡Claro que sí, buenísimo que se quede! ¡Vayan y diviértanse mucho! Y seguía, bien, bien generosa…: Mañana, vengan a buscarlo sin apuro. ¡Ah, y cuando quieras, pasa y ve si encuentras algo en mi ropero! 

 Por lo tanto, sin recordar el alicaído merengue, llené el “cuarto de los niños” de luz y aire fresco, armé la colorida pista de autos y antes de bajar la persiana, con ternura, arropé al osito “de la guarda”. Hoy tendrás un compañerito de sueños, le murmuré acariciándolo.

Riing riing, otra vez, entonces, sonó el teléfono. Esta vez era tu abuelo Lito. También muy contento, me contaba:

-Gorda, hoy de noche, es el cumpleaños en a Ernesto.

Otra duda. Caí sentada sobre la pizarra mágica: ¿sola podré arreglarme con el nene? Disimulando como una diosa, le dije comprensiva: ¡Oh, qué bueno! 

¡Por supuesto que te vas a arreglar con el nene!, pareció tranquilizarme la sonrisa de mis hijas con coletas en un portarretrato…  

Rumbo a la cocina, mis pensamientos en zigzag, entre pasado y presente, volaban como avioncitos:

Mmm, ¿cómo serán… ¡tantas horas! con un nieto varón? Yo solo tuve nenas, ¡las horas pasaban entretenidas jugando a las casitas debajo de la mesa! Pero…, ¿y los varones? Mmm, ¿con qué se entretendrán…?

Como aterrizando en una pista de merengue exclamé patinando en una cáscara de banana: ¡Algo inventaremos…!

—¿Y?

—Mucho, mucho más tarde, así como a la hora en que tu mami en el casamiento, vestida con mi ropa de pies a cabeza, bailaría ¡Dale a tu vida, Macarena!, y tu abuelo Lito, cantaría otro ¡Vale cuatro!, tú, muy sentadito en la cama grande, como el  dos de oro, y por quinta vez consecutiva, me pedías: “Ye Ye, ¡léeme otro cuento!”.

Al prender la luz de mi portátil fue cuando escuchamos aquel chuff de un cortacircuito. Debo ir hasta la llave térmica que está en el garage, te dije. Pero, ¿cómo bajar dos pisos, con el niño y… a oscuras?, temí.

-Ye Ye ¿por qué se apagó la luz?, me preguntaste como un angelito.

– ¡Porque es la hora de jugar a los campamentos!, sacando la linterna del cajón, resolví rápidamente.

 —¡Sí, Ye Ye!, ¡ya lo recuerdo!, entre sábanas levantadas que hacían de carpas, me contabas divertidas historias… Me hacías Uuuu, como que soplaba el viento y ¡Capummm!, como ruido de tormenta. ¡Ah, Ye Ye!, ¡qué inventora!, formas de conejos me hacías en el techo, solo con tus manos y el haz de luz de la linterna. ¡Más divertido que la pista de autitos…!

—Cierto, y después te dije “¡nos vamos de expedición!” y, despacito, de la mano, bajamos, charán charán…, rumbo a la llave térmica. ¡Ahhh, si nos hubiera visto tu mamita…! ¡Por lo tanto, cuando llegó el abuelo Lito, entre libros, vasos de plástico y migas de galletitas, los dos dormíamos plácidamente. ¿Qué lugar le quedaba en la cama grande? ¡Mínimo! Sin dudar, pues, silenciosamente, emigró al cuarto de los niños ¿Sabés, Lucas? El osito “de la guarda” no pudo dormir en toda la noche… ¡por el jjjj jjjj de su compañerito de sueños!

—¡Pobrecito! Y a la mañana, ¿qué hicimos?

—Afortunadamente, como grupo de apoyo ya estaba tu abuelo Lito… ¡Allá en la vereda!, ¡qué espectáculo para los vecinos! ¡Qué buen estado físico tiene el abuelito!, murmuraban en la esquina. Consejos técnicos, habilidades innatas, golazos tras atajos, pelotas que volaban, “rescates” ingeniosos para no hacerle ¡rinnng rinnng!, ¡otra vez!, al vecino. ¡Todo se mezclaba con carcajadas…! Fútbol, basketball, rugby, paleta, golf… ¿Con qué terminaron?, ¡sacando una caña de pescar y lanzándola al pasto!

 ¡No doy más!, con los ojos en blanco suspiró tu abuelo Lito, a las diez de la mañana, arrastrándose hacia el control remoto. ¡Horas faltan para que vengan a buscar a este niño! Mmm…, ¿adónde llevarlo para que se canse un poco?, planeé. ¡A la playa!, exclamé, como autito a control remoto con las pilas recién cargadas

.—¿Y?

—Lucas, ¡No enfiles para el garage, vamos en el ómnibus! —te comuniqué, angelito. Así, de la mano, pues, fuimos caminando a la parada… A cada medio paso juntabas palitos para el asado y “hacías de cuenta” de que le sacabas una foto a un caballito. ¡Muy bien!, te aplaudía… Previsión e imaginación, ¡siempre, necesarias!

-¿Y el ómnibus, cuánto demora?, sssss, me atomizabas a cada minuto, ¡quiero llegar a la playa!, insistías.  ¡Por favor!, necesito una idea, ¿cómo entretener a este niño tan inquieto, mientras tanto? ¡Mmm!, ¿a ver?, pensemos, como abuela, ¿qué desearía enseñarle a mi nieto?, ¿cómo dejarle una hermosa huella?, me pregunté amándote mucho y valorando mi experiencia.

El color del cielo me dio la idea: ¡qué mejor para un nieto que un abuelo o abuela sea como un cable a tierra!, que le hable de esas simples maravillas que día a día nos regala la naturaleza, esas que no tienen valor pesos, y con años, sin tanta prisa, es más fácil descubrirlas. ¡Oh, sí!, quizás sea mucho más sencillo explicarle a un niño las cuatro estaciones del año, a través de las hojas de los árboles, o que todo pasa, a través de los colores de un arcoiris, o que a veces la belleza no se toca, sino que se siente. ¡Así!, el pío pío de un pajarito, una flor que perfuma el rocío, una ola gigante que contra una roca hace Splashhh y se convierte en millones de gotitas…

Lucas, te juego una carrera hasta el ómnibus. ¡Apúrate!, ¡corre rápido, si no tenemos que esperar otro!, te dije de pronto.

 —¿Y quién ganó, Ye Ye?

—Tú me ganaste, yo te detuve. Te expliqué algo que no debe pasar de moda: Lucas, ¡hay que ser caballero, primero suben las señoras! Y así llegamos a la playa e hicimos ¡uffff! al descargar tanto peso. “Estudiando” a la sombrilla de al lado, rápidamente te entusiasmé: Lucas, ¡mirá esos cinco nenes! ¿Querés jugar con ellos? Por supuesto, tú, nada tímido, no necesité repetírtelo, allá te ibas con tu palita roja.

¡Uuuu!, comparé al instante, ¡qué distinto ser abuela que ser madre!, por ejemplo, si este nene, siquiera se raspara una rodilla… ¡me zambulliría en un pozo para siempre! ¡Oh, no, ni pensarlo! ¿Cómo decirle a sus padres?: “El nene se me lastimó” ¡Evidentemente esto de ser abuelos es responsabilidad a la máxima potencia! Como sabuesa, entonces, te perseguí con la mirada, y como Sherlock Holmes, estudié cada movimiento de la sombrilla de al lado. ¡Enseguida lo percibí!: los nenes, entre palas y carcajadas, cavaban un pozo. Sin embargo, tú, Lucas, muy paradito, no te integrabas, tenías una expresión de tristeza tan, tan grande en la mirada, que, literalmente, ¡me dolió el alma…!

Como resorte, pues, me levanté de la lona y en menos de dos zancadas ya estaba a tu lado, con infinita ternura, ¡intuyéndote!: Lucas, ¿qué te pasa? ¡Cuéntame!

—Ye Ye, ¡los nenes no quieren jugar conmigo!, me contaste al borde de las lágrimas.

 ¿A quien tendré que agarrar del pescuezo?, irónica, casi perdiendo mi compostura, me pregunté acaloradaMuy lentamente, entonces, comencé a quedar en cuclillas en la arena. Deseaba llegar exactamente a la altura de la mirada de aquellos pichoncitos malvados… ¡Grrrrr!, gruñía mi alma. Le dolía tanto egoísmo. ¿Cómo podía ser posible que un niño hiciera sufrir a otro niño? Y ¿por qué, justamente, le había tenido que ocurrir a mi chiquito! ¿Estuvo en mí haber podido evitarlo…? ¿Podría esconderte del dolor en una cajita de porcelana? ¡Difícil! ¡La vida está en marcha!, me dijeron mis años, ¡que nunca, nadie, bien los sabe…!

Por lo tanto, en responsable posición de adulta, con tono amigable, me presenté a los niños del pozo: ¡Hola, chicos!, ¿cómo están? Yo soy la abuelita de Lucas. ¿Verdad que puede jugar un ratito con ustedes…?

-¡Noooo!, me respondió el “gran jefe” de la banda. ¡No titubeó su mirada!, ¡era desafiante…!

-Ye Ye, ¿qué te dijo el nene?, ¿van a jugar conmigo?, me preguntaste con tu natural pureza. ¡Horror!, ya me veía, hoy de noche salgo en el informativo: Abuelita desquiciada en playa Pocitos. ¡Ja ja ja!, sonreí para mis adentros, mi inquieta cabecita comenzaba a elaborar una interesante “estrategia” Así que, ¡otra vez en cuclillas!, le regalé la mejor de mis sonrisas al “gran jefe” y a bocajarro le largué una demoledora pregunta:

Y… ¿por qué, no?

Tragó saliva el “pichoncito”. ¡No se la esperaba! Débilmente argumentó:

-Porque soy más grande.

-Y… ¿Cuántos años tienes?

-Ocho.

– ¡Ah, qué bien!, acoté, sin que se notara el grrrr en mi sonrisa… Ya lista para dar el paso número dos del plan, con cara de estar saboreando un delicioso helado de chocolate, busqué al nene con más, más cara de bueno del grupo. ¡Pum pum!, hacía mi corazón. Me estaba jugando la última baraja.

Y tú, nene, ¿cómo te llamas?, ¿cuántos años tienes?, le pregunté al gordito lindo, sin mover una pestaña.

-Me llamo Federico y tengo cuatro años; soy argentino.

-¡Oh casualidad, la misma edad de Lucas! ¡O sea que pueden divertirse mucho juntos! Y argentino, ¡genial! Es tan lindo hacerse amiguitos nuevos. ¿Sabés?, mi mejor amiga vive en Salta, ¿conocés…? ¿Verdad, Fede, que querés jugar con Lucas?, le susurré con sonrisa de pop acaramelado.

Igual hice con Juancho, con Enzo y con Marquitos. Todos, encantadísimos, aceptaron jugar contigo. Tanto es así que al poco rato, después de un buen trabajo en equipo en el pozo… ¡hasta el “gran jefe” me mostró una sonrisa “de helado de chocolate”! 

 ¡Oh, nada mejor que ver a un nieto feliz!, ya sacudiéndonos la arena, filosofaba entre nubes de algodón rosado. ¡Oh, sí, realmente ser abuela es maravilloso, se desempolvan tantas emociones de la niñez! Qué bien hace un poco de ¡chauuu! al tic tac! No vivir tan pendiente de ¡lo que tengo que hacer! sino de ¡lo que quiero hacer! Mmm… ¡Adivina, adivinador, imaginé! ¿Qué más son los nietos, además de divertidos? ¡Oh, sí!, ¡ya sé!: son magos… Tienen una galera ¡siempre llena de “sorpresas” y una varita bien “mágica”!: su brillante sonrisa. Apenas nos toca y pliiiimmm nos viene amnesia: ¡chau nanas y rezongos por los descuentos en la jubilación!¡Muy bien! ¿y qué más son? Mmm…, ¡ah sí, también, grandes maestros! Nos piden: ¡Siempre mejor la verdad, sin preocuparse por meter la pata, ni del que dirán! 

Ye Ye, ¡tengo hambre…! ¡Oh no!, desde la nube de algodón rosada me hacías aterrizar en la parada del ómnibus. Antes que, ¡otra vez!, sssss, me atomizaras, grité:

– ¡Taxi, por favor!

Una vez más, sssss, pidiendo capelettinis, bajaste del taxi. Ya tu madre, como soldadito, estaba en la puerta, esperándonos… Desesperada como si no te hubiera visto en una semana, venía zummm como una flecha. Primero, minuciosamente constató si estabas “sano y salvo”; luego entre mimos y abrazos te hizo pliiimmm con su sonrisa y te convirtió en maleable plasticina azucarada. Después… ¡Vámonos a casa…!

 Allá, de la mano, los veía irse alejando… Iban conversando, pegaditos como pop acaramelado. El corazón me hacía Chuuu chuuu como trencito. Sentía dos emociones muy contradictorias: por un lado, con ja ja ja pensaba en el jjjj jjjj para recuperarnos de tanto ejercicio, por otro lado, con el snif snif ¡yaaaaa extrañaba tu sonrisa…!

¡Chaaaauuuu, Lucas!, toda despeinada, hambrienta y molida pero con cara de “helado de chocolate”, te grité desde lejos. Ahí tuve la “frutilla de la torta”. De pronto, ¡zas!, me pareció que algo recordaste… ¡Ahí nomás, como Capummm te diste vuelta y fffff …a toda velocidad, con los brazos bien abiertos como avioncito, ¡volvías corriendo…! 

¡Así llegabas, Lucas…! ¡Embaladísimo! ¡A pura inocencia…! ¡Desflecando la brisa en tu carita!  ¡A pío pío de pajaritos! Me venías a traer un regalo, envuelto en tu sonrisa. Era sencillo, pero profundo…Que se siente y no tiene precio…¡Algo que deja huella! ¡Algo que no se olvida!: una palabrita mágica.

—¡Abuelita Yeeee Yeeee!—Y como ya bajaste del sommier, ¡te corrí por toda la casa!                                                            

Autora- María Cristina Galeano                                                           cristinagaleano@netgate.com.uy                                                                                                                www.regalato.wordpress.com

 

Posteado por: regalato | septiembre 7, 2007

ASIGNATURA PENDIENTE

Asignatura pendiente  

Regalo-relato 

Julita, ni felinos ni conductores podían esquivar al felino mecer de tus caderas. Sin embargo, tu arrogante aire de desacato tenía una extraña veta de inocencia…Tu largo cabello de brillo azabache contrastaba con tu rostro de magnolia; tu trajecito negro de corte impecable, tu mirada azul hielo, y tus oros en cada uno de tus dedos, ¡me recordaron que ya había llegado el invierno! 

¡Allí estabas Julita,… después de tanto tiempo! Recién llegada en el vuelo de las once. ¡Qué extraño! ¿Por qué estarías dos horas más tarde, sentada a pocos metros del mar, con tu vista perdida en el infinito? 

Paralizado por el encantamiento que me provocaba verte de nuevo, quedé irremediablemente atado a un banco cercano. Le supliqué al mar que atrapara mi mirada,… que no la dejara tentar por aquellas indisciplinadas aureolas del humo de tu cigarro, que sin piedad me transportaban a tu lado. 

Recién entonces, saqué de mi billetera una foto otrora color blanco y negro y ahora amarillenta, pero con colores vigentes. Desde allí me miró una Julia con hoyuelos risueños en las mejillas, con el pelo azabache recogido en un moño, con la mirada azul cálido. Vestía con toda naturalidad, una pollera kilt a cuadritos azul, blanca y roja y una polera inmaculada. Bajé de pronto la mirada a sus negras botas tejanas que antes adoraban moverse al ritmo de los Beatles y de los Rollings…Rápidamente la oculté del aire. Con curiosidad me pregunté si algún día… habrías vuelto a escuchar la canción “Imagine“

.   “Quizás sí, quizás no“—pensé contando los años. ¡Veinte años eran demasiados! Sin embargo para mí estaba todo tan fresco como la pintura del banco de al lado… Recordé aquellos discos de pasta que iban y venían de la casa de al lado, aquellas primeras salidas en grupo con la barra del barrio, aquella romántica canción “Imagine”, que inspiró nuestros primeros abrazos. 

 ¡Qué distintos aquellos tiempos, cuando con dieciocho años nos sentíamos grandes, y con cuarenta, a nuestros padres los veíamos ancianos! En que hacer resúmenes y pasar de año, era igual de sencillo que respetar a los catedráticos… 

Época en que no había teclas ni botones, pero sí más aire, risas y colores, y era considerada rebelde, la madre que trabajaba fuera de la casa, cumpliendo triple horario… 

Tampoco había microondas con grill, lavarropas programado ni DVD multizona, y aún así, se subsistía sin mérito alguno…Cuando por los ceros de la luz, el agua y el teléfono nadie se quejaba tanto, y ¡era todo un alarde!, usar Levis de pana y fumar La Paz suave… 

Había menos accidentes de autos y de alianzas lejos de los dedos anulares; se corría menos por los pesos, se dormían más siestas y se leían mas cuentos de hadas y piratas… En aquel entonces, ¡los niños nunca jugaban solos con juguetes y sin luces psicodélicas!, y se transpiraba mucho, mucho…, antes de darle el primer beso a la chica con la que se había soñado días y noches.  

Estaba distraído y no la ví venir. De pronto, fuertemente, me golpeó en el pecho una pelota de basket. Un niño de cabellos castaños y ojos verdosos me estaba pidiendo disculpas… “Mejor así“– pensé, conformándome. De nada sirve poner en marcha a tantos recuerdos pasados.

Pensando de esta manera la miré nuevamente. Mientras encendía el segundo cigarrillo suspiré: “¿Se acordará ella de aquel lejano La Paz Suave?” Aquel que fumamos en la esquina a escondidas, que fue el preámbulo a aquella declaración de amor, ¡que si la escucharan los jóvenes de hoy…, morirían a carcajadas! Siempre me había preguntado porque lo nuestro no había prosperado…

Quizá por mi inexperiencia, quizá por mi falta de ambición…, quizá porque los dos queríamos cosas distintas. Ayudado por mi estilizado 1, 98 m, yo siempre había sido bueno en el basket. Durante horas y horas practicaba aquellos dobles. ¡Qué lindos eran tus brazos levantados!

Sin embargo, no todo era deporte…Tardes enteras de domingo nos pasábamos en el cine. A la salida, unas muzzarellas nunca nos venían mal, ¡y para un heladito, siempre había un lugar…! Aquellas eran nuestras salidas, pues los días de semana volaban entre resúmenes y escritos.  

Mmmm ¿Porqué habrá sido Julita, que después de un tiempo regalaste a tus primas aquella pollera kilt y tus botas tejanas? Desde entonces, comenzaste a vestirte con jeans ajustados y camisas intrigantes, y a calzarte con tacos de aguja inquietantes. Ya no ponías cara de felicidad saboreando aquellos helados gigantes, ya no pedías ni por mis dobles, ni por mis abrazos, ni siquiera extrañabas mis llamadas telefónicas.

Así fue que un día, al poco tiempo, mirando la punta de tus zapatos, como una amiga me dijiste:

—Nacho, tus sueños… ya no son los míos…. ¡Perdoname!

 ¡Otra vez el mismo niño me pegaba con la pelota!, otra vez me pedía disculpas“¡Qué niño torpe!“—pensé moviendo la cabeza de un lado a otro.

Entonces, subí la vista despacio, por encima de la línea del horizonte. Un avión de Lan Chile en ese instante  remontaba vuelo en cámara lenta. Mmmm “¿Sería el mismo que te había llevado a Santiago hace ya tantos años, cuando te casaste con aquel millonario…?”

Quizás… ¿quién lo sabe? ¡Las vueltas de la vida son tantas…! Como tiro al canasto recordé aquella ida sin despedida, aquel gusto amargo en la boca, aquel diploma de abogado que llenó mi tiempo y mi bolsillo, ¡pero no mi vacío tan grande! 

 De pronto, un gorjeo de gorrioncito me trajo el recuerdo de aquella compañera de generación que invité a ver un partido de básquetbol y se hizo fanática, de mi despedida de soltero, de aquel hermoso querubín que justito al año nacía entre mimos y peluches… 

Mi reloj pulsera me decía: “Nacho, ¡ya es hora!“. Giré entonces la vista hacia el Boulevard. Desde allí casi podía divisar mi casa pintada de blanco, imaginar a Marisol destapando las ollas… a Tiago bamboleándose en su tierno paso…a la mesa puesta con un sugestivo ramo de claveles rojos muy brillantes.

Consideré entonces que ya había llegado el momento de dar vuelta la página, de pasar de una vez por todas y sellar aquella asignatura pendiente. Comencé a levantarme sin prisa, muy, pero muy lentamente del banco. Por fortuna, el viento había llevado al humo de tu cigarro para alguna otra parte. 

“¿Qué hacer?“— me pregunté ya en el filo de una encrucijada. ¿Evitarte…, cruzando allí mismo la Rambla?, ¿seguir paralizado, observándote? ¿O, simple, pero peligrosamente, saludarte…? 

Julita, casi, casi llegaba a reflejarme en tu cabello negro azabache, y aún no lograba descifrar para dónde irían mis pasos… El corazón me palpitaba como doble de basket…,y tus ojos… ¿dónde estaban…? No miraban al mar; ¡estaban deslumbrados, fijos en tus dedos plagados de oro y brillantes…! ¡Recién entonces lo pude ver claro como el agua…! ¡Fue tu desamor, tu frío de invierno lo que me obligó a desviarme!… ¡A desear sólo a Marisol, a mi Marisol y sólo a ella comprarle claveles rojos, de un rojo brillante! Saltando en el aire me decía el niño que habita dentro de mí:” ¡Nacho, por fin atajaste el pelotazo!¡Por fin…!

Julita, ¡qué cerca de mí pasó tu perfume a magnolia! Tú, ni siquiera me miraste… Serenamente, comencé a tararear la canción “Imagine” y, logré decirle ¡adiós para siempre!, a aquella asignatura pendiente.  

Autora – María Cristina Galeano                                                      

 Libro  “Cosas que pasan”                                                                        cristinagaleano@netgate.com.uy   . ,   .    

Posteado por: regalato | septiembre 5, 2007

LA FIGURITA SELLADA

La figurita sellada 

18.30 horas decía mi reloj pulsera. Me estaba agachando.

Apenas guardar en el cajón de la cómoda tu nuevo par de escarpines celestes, de pies a cabeza me recorrió un estremecimiento. ¡Lo hubiese jurado! ¡Intuía que algo grandioso estaba por sucederme! Suavecito, de costado, lentamente, me senté sobre el mullido acolchado blanco con vagones y locomotoras.

En ese preciso instante, con mis cuatro meses de embarazo decidí hacerte mi primer regalo. Julián, ¿adivinas que elegí entre tantos…? Algo irrompible y muy, muy delicado No sería peluche ni juguete a cuerda. No lo tocarías con las manos pero lo sentirías con la melodía de un recuerdo. ¿Te diste por vencido? ¡Te lo soplo!: un regalo- relato  

Hijo, hace un tiempo que quiero contarte tu historia, mi historia, la historia de tu padre. ¡Es tan trascendente conocer de donde venimos…, y hacia donde vamos! 

Shhh, si bien probablemente te vayan con el chisme que fui algo lerda para casarme. ¡No le hagas caso! Siempre se llega a tiempo, ¿para qué elegir apurada? ¡Y aquí viene lo insólito! Aunque no lo puedas creer, un buen día, después de toda una vida, en medio de un saludo, quedé flechada con mi vecino.Él tenía fama de mujeriego, de tacaño y de solterón empedernido. Sin embargo, desde aquel día del saludo no tardó ni seis meses en adquirir este tan confortable apartamento y regalarme la alianza acompañada del cintillo con brillantes. 

“Tic tac”, dice el reloj despertador sobre tu mesita de luz. Mi pulso se acelera.

 Son las 18.45. Media hora falta, para que llegue después de su consulta, el hombre, que además de atraerme, admiro y amo. Contengo la respiración, agudizo el oído para poder escuchar el imperceptible giro de la llave en la cerradura… me pongo la mano sobre la panza.  Mmm, ¿en qué estábamos?  

 Hijo ¡Imposible mentirte! No fue nada fácil la adaptación a vivir juntos. ¡Los dos ya veníamos con cada maña…! Sin embargo, también te remarco, apostando por nosotros, ¡le pusimos tanto empeño! Exhaustivamente, día y noche,  practicábamos la tan difícil virtud de la paciencia.

Aprendimos: “Por algo tenemos dos orejas y una boca” “Negociar es ceder intercalado”  ¿Cuál fue la recompensa?: Bueno, en realidad, ahí es…, cuando tú querido, entrás en escena. ¡Imáginate!, entre tanto jolgorio, el examen de embarazo no tardó en exclamar ¡Positivo! 

19.00 horas. Mirando sin ver estoy frente a tu colorida pista de autitos. Voy  imaginando cómo serás por fuera y por dentro. ¿Rubio, alto? ¿Con sobrepeso?¿Inteligente, buen amigo? ¿Egocéntrico? ¡Oh, hijo! ¡Que miedo que me dio! ¿Qué te deparará el destino?  

19.13 horas. Ahí me voló un suspiro enmarcado en proyectos: “Quizás seas doctor como tu padre,  herrero como tu abuelo, ¿original como nadie? ¿A lo mejor, …?“. Ahí, ¡zas!, sintiendo en mi corazón el traqueteo de un trencito, cerrando este inolvidable regalo- relato se me destapó”la figurita sellada”: ¿Para qué estamos en este mundo?  ¿Qué es lo que trasciende y se multiplica si se comparte? ¿Lo que no se compra y se busca sin descanso? ¡Aquello…! ¡Lo importante! 

19.15 horas. “¡Ser feliz!”, me sopló alguien…

—¡Hola mi cielo!, me saluda  tu padre desde la puerta de entrada.

—¡Apuráte mi amor! ¡Vení corriendo! ¡Sentí a Julián! ¡Oh! ¡Se está moviendo!

 Autora – María Cristina Galeano

cristinagaleano@netgate.com.uy         

Posteado por: regalato | septiembre 4, 2007

TU ULTIMA MUÑECA

Tu última muñeca 

Faltando una hora para terminar mi horario de trabajo en la inmobiliaria, tú, aún mi tierna hijita con 23 años, envuelta en voz de misterio me decías por teléfono:

—Mamá, cuando salgas pasá por lo de Cecilia, tengo una noticia para darte.

—¿Buena o mala?— respondí con el corazón en la mano

—“Click“, sonó del otro lado.

  Apenas te miré, una vena marcada en tu frente me puso en estado de alerta:  

—Mamá, estoy embarazada, ¡vas a ser abuela!— me anunciaste.

Cuatro tazas de té caliente al hilo me hicieron bien para entrar en calor, apenas. ¡A mí, esto no me está pasando! ¿O, sí?, me pregunté sintiéndome atada a la silla… Para que no lo dudara, tú me ayudabas un poquito:

—¿Sabes mamá? Con Gonzalo queremos formar un hogar. Queremos casarnos… ¿Verdad que estás contentísima de tener un nietito? ¡¿Verdad que sí?!En una respuesta de oso desconcertado, mi respuesta fue una sola:        

– ¡Sí, claro, hijita…!  Pero a partir de este momento…, ¡te va a cambiar a la vida! Al minuto nomás, yo me preguntaba, pidiendo socorro por dentro “Ay, ¿hacia dónde correr primero?“… Tú, hija, me indicaste el primer paso:  

— Mamá, tú que eres tan buena…, ¿podrías decírselo a papi?

Te obedecí ciegamente; no podía aún razonar demasiado. Sin mucho preámbulo, con la mirada húmeda y el amor de siempre, le conté la primicia al flamante abuelo.

El segundo paso lo dio Gonzalo, con aquella expresión de respeto por la familia y de orgullo por el hijo que venía en camino; cuando, ni más ni menos,… ¡nos pidió la mano de la nena! 

De allí en adelante, todo sucedió de corrido. Nos quedaban dos meses, para conversar con los consuegros, ir al Registro, a la imprenta, buscar modista, comprar tela para el vestido, elegir salón de fiestas, discoteca, fotógrafo, decidir si habría brindis con champagne y torta o,… una fiesta con tutti.

La elección de la Iglesia comenzó por entrenarnos en salto de obstáculos. Allí hubo que resolver desde que si cura o mejor diácono, de que color serían los arreglos florales, quienes leerían algunas palabras, hasta sacar una “mariposa technicolor“en coro de guitarras.  

Sin embargo, no creas, que entre tantas corridas no tuve mi día de “PARE”…Fue cuando desde el fondo de mi rincón de mis recuerdos, encontré tu última muñeca…, la que te había regalado tu papá a la bajada de aquel ómnibus en una madrugada de escarcha…Aquella a la que con cualquier trapito le hacías algo lindo…Aquella… con la que jugabas cuando eras una nena de colitas.  “¡Oh! Mi pequeña hijita, ¡va a ser madre!“, me decía, aún anonadada. Sin embargo, había mucho para pensar, muchísimo para planear, y tanto más para concretar. Por lo tanto, aquella muñeca, con una caricia de mi corazón volvió a quedar bien guardada, en el hondo rincón de mis recuerdos.  

 Inolvidables aquellos aprontes ¡Qué contagiosas tus carcajadas en los ensayos con tu papá, practicando la entrada a la Iglesia…! ¡Ahh!, y,…cuando faltarían dos días para la fecha tan esperada… ¡Qué expresión de enamorada tenías al escuchar la voz de Gonzalo en el teléfono! De pronto, me sobresalté, tu cara se fue poniendo algo violácea. El te comentaba cordialmente:

—Silvi, mi amor, hoy me encontré con los amigos del barrio y le conté que me casaba. Me dijeron que irían a la Iglesia y a la fiesta para acompañarnos.   ¡Oh, no!, tu obsesión de que nunca falte ni miga ni gramo, hizo que gritaras ante mi desmayo:  

—¿Sabes qué, Gonzalo? ¡No me caso nada!

¡Horror! se me caía de la mano la lista de los invitados. Sin embargo, el refrán: “una vez andando el carro, se acomodan los zapallos“, resultó ser muy acertado en este caso. 

 ¡Sí! También abrigo vívidos recuerdos de aquel 25 de octubre…La llegada al Registro Civil, en un día húmedo por donde se mirara… ¡Qué chic, estabas tú Silvana con aquel trajecito turquesa! Embobada, yo observaba cada detalle de tu carita de ángel…Tus pocitos en las mejillas, tus labios sonrientes, tu mirada brillante… ¡Todo desparramaba amor a raudales, cuando le diste el “sí“, a quien amabas con toda tu alma!

 Mmm…Fue en ese momento cuando me sentí algo descolocada. Por supuesto, aunque muy feliz por ti…, bien, bien en el fondo, me preguntaba: ¿Aún, será un poquito mía?… 

Salvadores abrazos y felicitaciones desviaron mis pensamientos en otra dirección. Con un ahogado sollozo te dije al abrazarte: “¡Te felicito, querida!” 

Veinticuatro días más tarde, había llegado el gran día. Tu vestido había sido ajustado, y el cierre del mío, ¡subido, por fin hasta arriba! Ya era hora de irnos al hotel con aquellos dos carritos rojos. Allá nos vestiríamos para irnos a la Iglesia… ¡Pienso que fue aquella y no otra tu despedida de soltera! ¡Qué alboroto!

—¡Estoy tan contenta, mami!, me decías saltando en tu cama, aún, de una plaza…

¡Eras mi nena,…y estabas a punto de vestirte de novia! Yo disimulaba mi emoción, con la vista perdida en el jardín. Justamente… elevaba vuelo una paloma.

Para la “producción“nos fuimos a la peluquería. ¡Nos sentíamos unas reinas! Con sendos rulos y un delicado maquillaje, ¡nos guiñábamos un ojo tan compinches! Todo estuvo muy bien coordinado. A las cinco en punto ya llegaba tu delicado ramito de novia con rositas perfumadas. ¡Tu alegría, al verlo, se reflejó en el espejo de la peluquería!  

¿Un recuerdo imborrable? Sin duda, la luz en tu mirada, al entrar a la habitación ya lista para vestirte de blanco; sin inmutarte, ni cuando los impacientes bocinazos del padrino, te instaban a ponerte en movimiento. ¡Ah! ¡Qué lindos recuerdos…! 

Luego, cerca del anochecer, se escucharon las impactantes palabras: ¡Ya llegaron…! ¡Qué emoción! La marcha nupcial ya comenzaba su primer acorde. Me pregunté si bien amorosamente te estarían acomodando tu glorioso vestido blanco…Con un hondo suspiro, yo volaba detrás de aquella puerta maciza que, asombrosamente, se abría de par en par, como un capullo con el sonido de una campanita. 

 En aquel instante me estiraba desde mis zapatos como una jirafa. Era imposible aún verte por la distancia… ¡Pero sí podía imaginarte! ¡Mi pecho me hacía de redoblante!En instantes, los dos ya estaban más cerca. Tu papá, de los nervios parecía acelerar el paso. y tú, con una sonrisa parecías decirle: “Papi, más despacio“…

Cuando llegaron, ¡sentí que flotaba en el aire! Allí estaban, mi amor del brazo de mi hija vestida de novia. Demasiado sentimiento para el pecho de una madre ¡Casi, casi, me desmayo allá adelante…!¡Por fin habías llegado! ¡Por fin podía mirarte! ¡Tú, querida hijita, simplemente estabas radiante…! Parecía movérseme el piso allá debajo ¿O serían quizás mis tacos tan altos? Me preguntaba cuando, cuando, sería el último acorde… Apretaba bien, bien fuerte mis labios para aguantar el llanto. Fervorosamente, rogaba:  

—¡Por favor!, ¡que no se me corra el maquillaje! 

 Algo que sin duda me conmovió fue aquel “sí“, aquel que pronunciaste, acompañando el son de las guitarras, con adoración en tu mirada… ¡Yo, desde mi lugar de madrina, no me perdía detalle! Ese era el primer paso en tu camino, igual, al que yo, hace tantos años, había dado con tu padre…Pensé con un dejo de nostalgia y los ojos nublados: “¡Ahora sí, ahora sí, ya no habría vuelta atrás! ¡Te alejarías de mí y de aquella muñeca Barbie!“… Entonces…Gonzalo, te puso la alianza.   

Hoy, a casi cuatro años de aquel día, mucha agua ha pasado bajo el puente y algunas incógnitas se me han revelado:

Para comenzar siento que con tu familia estás en el camino correcto. Cada cosa ocurre por alguna razón y en el momento exacto.

Siguiendo, es algo maravilloso ser abuela de tu hijo Lucas…Con él tengo la misma afinidad que contigo: el fútbol, el básquetbol, el tejo, las escondidas, la mancha color o simplemente imaginar juntos a la Tía Anacleta ¡todo es fantástico! Además, de yappa, tiene un segundo nombre que amo: Javier, ¡el nombre de mi padre…! 

 Pero hay además, una tercer incógnita que también me fue revelada…

El día que naciste le pedí algo a Dios…

Algo que temí mientras te observaba jugar con aquella muñeca de acción en las manos…

Algo que dudé mientras mirabas en el altar a Gonzalo…

Algo que dudé más aún,… cuando te vi con tu hijo en brazos…

Algo que ya sé, que siento cada vez que miro esa vena marcada en tu frente, ¡por la que corre tu sangre, sangre de mi sangre…!

 ¿Sabes, Silvana? ¡Toda la vida…, vas a ser un poquito mía! 

 Autora – María Cristina Galeano 

Libro – “Cosas que pasan” 

cristinagaleano@netgate.com.uy     .         

Posteado por: regalato | septiembre 3, 2007

TU PRIMER DÍA

Tu primer día  

Regalo – pensamiento

Una terrible sensación de “demasiado poco” me embargó apenas pagar la finísima corbata italiana que le acababa de comprar a Esteban.

De camino al estacionamiento del Shopping, cabizbajo iba reflexionando. Mmm, ¿qué podría regalarle a mi hijo, además? Algo que no se palpe pero que sea gigante, sea liviano pero que pese para siempre. ¡Necesito una idea creativa! ¿Cómo lograr trasmitirle a mi hijo, esta emoción tan grande que expande mi pecho, por su primer día de trabajo en la dirección de nuestra fábrica?- clamé al azul del cielo sin poder dar un solo paso. 

 “No todo lo que vale es material m’ hijo”, me pareció escuchar desde algún lado. ¡Increíble! Eran las típicas palabras de mi viejo.

A la velocidad del rayo, nació entonces una fantástica idea: ¡Ya sé!, a Esteban podría obsequiarle un regalo – pensamiento. Uno que sea a su medida como un traje; que grabe profundamente en su alma el concepto primero de nuestra empresa. ¡Sí! ¿Qué mejor apenas llegue a la oficina, lo encuentre como mensaje al abrir su correo? Seguramente, previsor, lo respaldará, y con prioridad de afectivo, lo guardará en: Mis documentos. Allí, bien a mano, al toque de un suspiro, estará su historia, eslabón tras eslabón, sangre y sudor de tres generaciones que hoy le están brindando su confianza.

¿Cómo no se lo voy a decir? ¡Es tan bueno, aún siendo varón, expresar los sentimientos! 

Esteban, querido, antes que nada deseo pedirte, que más allá, de si cada fin de año, la fábrica te rinde más o menos dividendos, nunca te hagas el distraído, no recordando de donde vinimos, de donde salió lo que hoy tenemos.

Como la ocasión amerita, aunque ya sé te lo he contado tantas veces, no debemos dejar de agradecer a aquella tan joven y demasiado pobre pareja de inmigrantes italianos, que apenas bajar del barco y pisar esta tierra, miraron al cielo y tuvieron un gran sueño: fundar su propia fábrica de zapatos.

¿Sin ni siquiera saber leer ni escribir, cómo lo logró el abuelo Steffano? ¿Con qué conocimientos? ¡Así de simple! Tenía una fórmula, gratis, innata, que generalmente poseen los autodidactas y no conformistas que no le tienen miedo a las horas extras. Sumó observación a su curiosidad, multiplicó por horas de éxitos y fracasos y restó gracias a los sabios consejos que había sabido escuchar de su viejo, zapatero de oficio, que tanto amaba su trabajo. Humildemente, pasó raya,… y llegó a la excelencia.

Esteban, este es el concepto primero de la empresa, que te encargo pases a tus hijos cuando crezcan. Por lo tanto querido, cerrando el balance, ojalá disfrutes esa espectacular corbata de seda italiana que estás estrenando. También, como no todo lo que vale es material -como hoy sabiamente me recordó mi padre desde alguna parte- conserva por siempre este regalo – pensamiento …es ni más ni menos que la voz de mis sentimientos. 

Posiciónate pues con serenidad en esa silla de caoba que hoy con honor te cedo, construye el futuro día a día como hacen los exitosos, siempre agradece la lealtad, ¡nunca te detengas en la búsqueda de la excelencia!

Te espero en casa

                                                                                                                                                             

¡Te quiero!

  Papá                                                                                                                                                                                       

      

                                                                                                                                                               Autora- María Cristina Galeano

cristinagaleano@netgate.com.uy                                                                                                                                                               

Posteado por: regalato | septiembre 2, 2007

SORPRESA

Sorpresa 

 Paula, Paulita, hoy cumplimos un año de novios. ¡Cómo te recuerdo! ¡Cuánto te quiero!

Shhh, este mail tiene un gran valor: es mi regalo – pensamiento. Es una joya especialmente diseñada para tí, mi manera de decirte: “¡Aquí estoy!”, aunque me encuentre muy lejos.

  ¿Emocionada? ¿Sorprendida? ¿Te preguntas de qué se trata? Como imagino lo ansiosa que estarás por conocer cada detalle, para responderte comenzaré desde el inicio, desde el engarce de esta joya. 

Inminente era mi viaje a Canadá por trabajo. Intentar un cambio de fecha, ¡totalmente en vano! Que en período de exámenes tú me acompañaras, ¡imposible! ¿Qué opción me quedaba?: ¡encargar para tí este original obsequio! Entre brillantes y satinados pintaría algunas de nuestras características; coloridas pinceladas resaltarían nuestro primer encuentro, le darían vida a través de la distancia a mi profundo sentir en este día. ¡Qué maravilla este regalo – pensamiento! ¿Estás de acuerdo? 

¿Quisquillosa o susceptible? ¿Terca o consecuente? ¿Explosiva o apasionada? Es cuestión de matices, Paulita. ¡Yo te conozco sin maquillaje!

¿Exigente o meticuloso? ¿Idealista o altruista? ¿Absorto o reflexivo? Es según la lupa con que se me mire. Tú, Paulita, en un solo año pareces conocerme desde el pantalón corto. 

 Si hacemos o no buena pareja, hasta en la esquina comentan. Algunos nos pronostican poca vida juntos, otros, nos ven con media docena de nietos de camino al parque de diversiones. 

Shhh, Paulita, los primeros quizás se basen en su mala experiencia…, o, a lo mejor no tuvieron agallas para limar asperezas con su pareja. ¡Las propias frustraciones es tan fácil tirárselas al primero que pase!Los otros, no importa si visten canas o el color de sus cabellos concuerda con sus raíces, ¡evidentemente!, observan a su alrededor desde otra óptica, -tú dirás: más positiva. Yo sumaría: “No se meten en la vida ajena…, viven la propia.” 

Optimistas, pese a quien pese, y codo a codo con los que supieron ser nuestros amigos, continuamos aguerridos el desafío de este noviazgo. Y así es, chiquita, como hoy, a las seis de la tarde en punto, estaremos arribando a nuestro primer aniversario.

 ¡Increíble! ¿Se enamoraron frente a la góndola de los lácteos?, les causaba gracia a los amigos.¡Inconscientes! ¿Ya del supermercado salieron juntos conversando?, otros, envidiosos, susurraban a nuestras espaldas. ¡Así es la vida! ¡Una sorpresa!, exclamamos los dos a las risas en voz alta. 

Paulita, ¿recuerdas aquel instante? Tu mano se dirigía al yogurt, la mía a la leche descremada… ¿Casualidad? ¿Milagro? Algo hizo que se rozaran. Temblamos de pies a cabeza. Se buscaron nuestras miradas. Sentimos que nos encontrábamos. ¿Cómo no íbamos a salir conversando tan entusiastas? Además de como mariposas saltar de tema en tema, nuestras madres resultaban ser compañeras de colegio y mi mejor amigo, vecino de tu prima. 

Parece mentira querida, ¡cómo ha volado este año! Entre trabajo y estudio, hicimos malabarismos para pasar unas horas juntos.

Shhh ¡No importa que hayan sido pocas…, fue mucho lo que las disfrutamos! “Pero a veces, ¡cómo se pelean!”-­ a nuestro paso han aplaudido los pesimistas. “¡Y cómo se reconcilian!”, espiaban los chismosos con oídos bien atentos. ¿Con los amigos?: seguíamos codo a codo. 

Y de este modo, querida, con armonía, con buena onda, con mi sentir más profundo en cada una de estas palabras, como broche de oro cierra este regalo- pensamiento:

 Paulita:  ¿Qué nuestro camino de ahora en más pueda ser sinuoso…? ¿Qué si tendrá subidas y bajadas…? ¿Qué si las espinas, que si las rocas…?

Shhh, ¡nada de eso me preocupa lo más mínimo!… Lo único que necesito para continuar es…, tu mano en mi mano, tu sonrisa en mis labios, mi corazón en tu alma. 

¡Una sorpresa! ¡Mira la hora! Son las seis de la tarde… ¡en punto! 

¡Feliz aniversario!

Santiago

 Autora – María Cristina Galeanocristinagaleano@netgate.com.uy         

Posteado por: regalato | septiembre 1, 2007

LA PLANTITA

 Hervía el  agua con sal y spaguettis. Probé“al dente”…

Todavía les falta”, paladeé. Esperando el punto, comencé a divagar con estos pensamientos

Mmmm, se acerca el 11 de marzo, el día del cumpleaños de Mariela,… y yo, sigo, con la misma pregunta: “¿Qué podría regalarle que sea bien, bien bonito, lo guarde con aprecio, y, no más mirarlo, con una sonrisa, me tenga presente? Mmmm, veamos: ¿Un buen libro? ¿Un delicado perfume? ¿Una colorida bufanda?

¡No, no va por ese lado!, me dije ya colando los spaguettis. Movía la cabeza de un lado a otro… hasta que… ¡zas!, en medio del vapor… ¡se me resolvió el problema!  ¡Oh si, Mariela! ¡Ya sé que regalarte!: un hermoso relato. Será desempolvar anécdotas y conversaciones…, contarte a mi manera, -y mucho más largo que por SMS-, un montón de momentos y sentimientos, de esos que quedan grabados y son solo nuestros.A la velocidad de un mail, y con color en las mejillas, envié los datos requeridos para el cuento a “tu medida”

LA PLANTITA

Mariela, amiga, ¿cuánto tiempo hace que nos conocemos? ¡Desde hace una vida me parece…!  ¿Te acuerdas de aquella mañana? Yo, aún, solterita:                                 

 -¿Es necesario pedir hora para depilación? ¿Me irá bien un corte desflecado?, desde la puerta de tu peluquería, te pregunte, bastante tímida.                                

   – Ven a las dos, me respondiste con una sonrisa. 

A esa hora en punto, por vez primera, conocí  tu camilla.”¡Qué cómoda!”, apenas subir, me dije, estirando mis piernas.  Luego llegó el turno del corte de cabello, lavado y brushing. ¡Quedé hecha una reina! Así de sencillo, comenzó a germinar nuestra  amistad. Era apenas una semillita. Nosotras… ¡parla que te parla!

Algunos recuerdos… Algunos diálogos… Reflexiones:

El moño con trenzitas con que  me peinaste el día de mi casamiento. El delicado maquillaje, hasta con brillitos dorados.

– ¡Ay que nervios Mariela!, feliz exclamé, “espejito en mano”, a punto de salir corriendo para vestirme de novia.

 -¡Qué seas muy feliz Silvana!,  me deseaste, con estrellitas de emoción en los ojos, antes de tu abrazo.   

 Nota- No muy lejos de ese día, las dos, ya estaríamos embarazadas… Nuestra amistad, (aquella plantita), aumentaba de tamaño, suave,  dulcemente….  igualito, que nuestros bebés en la panza,

    

Una tarde, en la camilla, grité al borde del desmayo.           

 – ¡Qué horror Mariela!, con el embarazo me tengo que depilar más seguido.                                   – ¡Aguanta Silvi!, ¡no grites!, ¡ya falta poco!,  tirándome de la cera, me decías, cariñosamente.  

 Lo poco que faltaba amiga… era el tiempo para que nacieran nuestros hijos. Abril y Lucas; con dos días de diferencia, ya estaban  a punto de decir: “¡Presente!”.

                                 

 – Mariela, ¿a qué hora puedo ir a depilarme? ¿Cómo hago con Lucas?                                 

– ¡Tráelo! Lo ponemos con Abril un ratito en el corral para que jueguen.

Un ratito, dos ratitos, tres ratitos… No tardó en llegar la mañana, en que me citaste a la peluquería:

– Silvana, ¿me puedes cuidar a Abril los lunes de tardecita? Yo te pago.

– ¡Claro Mariela, con gusto te la cuido!… Pero mejor… ¿qué tal hacer un trueque… con servicios de peluquería?

Y así fue, querida, como nuestros hijos, entre peleas, risas y  spaguettis, siguiendo nuestro ritmo de visitas, también,  comenzaron a  convertirse en amiguitos.

                                 

¿Sabes Mariela?, quiero contratar a alguien que haga de Barney para el cumpleaños de Lucas. ¡Le encanta ese personaje! Estaría super divertido para los chicos de 2 años y también…                              

  – ¡Yo me disfrazo!, muy novelera, te ofreciste, sin dejarme terminar la frase.

Ya en el salón de fiestas, parada en primera fila,  movimiento a movimiento, yo te observaba, ¡pobre!, muerta de calor ahí dentro: ¡Oh! ¡Qué bien lo haces! ¡Con qué gracia y soltura! ¡Con cuánto cariño juegas con los chicos! ¡Qué feliz estoy! ¡Ay, Mariela! ¡Cuánto te lo agradezco!

Nota –  Hacer crecer nuestra amistad no nos costó ni un poquito.  Generosidad, humor y buena onda abonaban nuestra plantita. Resolvíamos  las cosas, a como se nos iban presentando: yo cuidaba a Abril, igual que tú podrías cuidar a Lucas. Solo al toque de un mensaje de “Socorro”, una o la otra, estaba siempre “Presente”y “¡Vamos arriba!”

                                                                   

– ¡Ayyy Mariela! ¡Me quiero morir! ¡Tengo una cana!

  ¡Pero Silvana!, ¿para qué existe el Henna? Por ahora tranquilízate y ve subiendo a la camilla que ya tengo lista la cera.

Shhh Mariela, ¿sabes?, aquellas simples palabras, mucho  me confortaron.  Sentí que no estaba sola en la lucha contra vellos, canas y uñas cuarteaditas.

       – Mariela, ¡qué bonito equipo deportivo le confeccionaste a Abril! ¡Perfecto!… ¡Y hasta lo bordaste! ¿Cómo haces para que te alcance el tiempo? Y…                                

 – Silvana, ¡no hables más!, ¡no es para tanto! Compra 1.50 de tela que te hago uno para Lucas en un momentito.                                

  – Pero Mariela… gracias…. Pero no… Faltaba más…                              

  – Silvana, ¿no te dije que no hables?

Y así, Mariela, siempre con una broma y una sonrisa, derrochando generosidad,  además de correr todo el día, empezaste a confeccionar más equipos, con buzo o camperita. Por supuesto mis vellos siempre requerían de tu camilla y Abril y Lucas,  re- chetos…  reían, lloraban, crecían y seguían planeando más travesuras. 
      

 –  Silvana, ¿quieres ir a pasar el domingo a mi casa? ¡Anda! De tarde, vamos a la playa.        

Bueno, Mariela. Los abuelos se llevarán a Lucas a un cumpleaños. ¡Voy! Llevo el bronceador factor 4.  

         Domingo, en la playa, 40 grados a la sombra, Tú y yo tuvimos el siguiente diálogo de mentes liberadas de niños:

 – Mariela, ¡qué solazo! ¡Pero quédate tranquila! No nos vamos a quemar mucho pues hay algo de viento. Me voy a poner un poco más de Factor 4. 

        – Mmmm ¡Qué rico perfume tiene y no es grasoso!         

 – ¡Mirá Mariela… allá lejos en el agua! Viene nadando un grupo. Debe ser una competencia. Traen puestas las patas de rana y la gorra.        

 – Pero Silvana, ¿cómo hacen…  como pueden nadar sin que se les caiga la visera?

¿Estar en la luna? ¿Pensando en tu hija? ¡No lo sé! Lo que sí te digo amiga, es que con solo acordarme, me río a carcajadas. Shhhh, te cuento lo importante, algo que pensé en ese momento: “acá, allá, con spaguettis o con galletitas de chocolate, ¡no hay caso!, yo con Mariela, la paso estupendo.”

          

– Mariela, voy a hacer un curso de esteticista.  Ahora que ya Lucas está más grandecito quisiera empezar a trabajar. También, me parece una buena opción, para no salir muchas horas de casa.                                 

 -¡Genial Silvana! ¡Te va a ir muy bien! Acá en la peluquería, ya tienes camilla para tu trabajo.                                

  – Bueno, voy a ver…. ¿Cómo arreglamos? Tú sabes que a mi me gustaría…

  – Pero, ¡cómo hablas Silvana!  ¡Empieza… después vemos!

Y así pues, mi querida amiga, como, ¡no hay caso!, siempre me cambias de tema, pasa el tiempo y contigo sigo acumulando palabras de agradecimiento, cierro este cuento a medida, con unas sencillas frases, (para no cansarte), que son mi más ni menos … que la voz de mis sentimientos.

Mariela amiga, ¡qué bueno fue conocerte…! Si supieras como sonríe mi alma mientras te lo digo… ¡Mil gracias por haber estado siempre: en las buenas y en las malas! Sabes, querida, me gusta mucho esta plantita que hemos regado juntas… Mira sus hojitas, mira sus florcitas… Es firme y colorida, brilla al toque de un SMS… y siempre dice: “¡Presente!” y “¡Vamos arriba! 

 ¡Te quiero mucho! 

   ¡Qué tengas un muy feliz cumpleaños!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Tu amiga, Silvana

AUTORA – MARÍA CRISTINA GALEANO

cristinagaleano@netgate.com.uy  

www.regalato.wordpress.com

Posteado por: regalato | agosto 31, 2007

EL JUEGO DE LAS CASITAS

El juego de las casitas 

  “¡Rrrriiiinngg!“ Sonaba el timbre en medio de un revuelo de palomas. Allí estaba Valeria, desde su media docena de años, con su contagiosa sonrisa, apurando mi respuesta:

—Cris, ¿está Mariela?

 —Pasa nomás, está en su cuarto.  

 Ella, sin hacerse rogar y sintiéndose como de la casa, me guiñaba un ojo traviesa. Una rubia muñeca asomaba debajo de su brazo moviendo al festón de su vestidito rosado. Su peculiares saltitos hacían subir y bajar a sus armados bucles castaños. ¡Eran tan parecidos a los míos…!

Sin embargo, eran sus bailarines hoyuelos de duende los que me contaban de alguna pícara travesura que ella se traía entre manos, y también, los que me hacían distraer de lo que estaba haciendo al sonar el timbre: la leche se derramaba y, ¡las tostadas se me estaban quemando!  

Tú Mariela, como un viento perfumado y con las mejillas sonrosadas aparecías en medio de mi correr hacia la hornalla. Tus rubias coletas y sus cintas color arco iris, me demostraban que aquel apartamento 4, aunque fuera interior, siempre gozaba de un sol brillante. 

Por supuesto, al instante, captaba sus risueños cuchicheos cómplices que iban de la mano de aquel acarreo constante… Ustedes dos, ¡qué hormiguitas laboriosas! Iban juntando objetos variados que encontraban de camino; desde mi nuevo saco de lana hasta aquella muñeca que lloraba incesantemente, desde chiripas de tu hermana hasta toallas y sábanas recién lavadas. ¿Y adónde las llevaban? ¡Siempre al mismo lado! Hacia debajo de la mesa del comedor, allí donde pasaban horas y horas jugando al juego de las casitas. 

En aquel trajín se iban sumando tacitas y platitos de té de plástico, manzanas de verdad que salían de mis placares, talcos, peines y frasquitos perfumados. Pero, en realidad, lo que más me asombraba, era lo bien que colgaban desde el vidrio de la mesa hasta el piso del monolítico, aquellas sábanas y toallas que oficiaban de paredes infranqueables…¡Con qué urgencia las veía apurarse para cerrar aquella puerta de entrada! ¡Con qué pícara sonrisa de oreja a oreja me decían ¡hasta luego!, antes de acomodar el último pliegue de la sábana…! Ustedes dos ya se convertían, ni más ni menos, que en madres en miniatura, en desenvueltas amas de casa; y, sacando mucho pecho, en dueñas de aquel espacio. 

 ¡Cuántas veces lograban desmadejar historias verosímiles y otras, realmente fantásticas…! Pero lo que más me conmovía y me hacía suspirar, eran aquellos arranques de novelería y ternura, con los que hábilmente tejían todo aquello que algún día sería el vívido recuerdo de vuestra infancia. Con curiosidad yo me preguntaba: “¿Se darán cuenta Mariela y Valeria que en este momento, están hilvanando en un recorrido indeleble a sus propios sueños de madres adultas?“… Ellas, para sacarme de tan seria pregunta, como desde una cajita de música me hacían escuchar esta melodía: 

 —Cuando seamos grandes vamos a vivir juntas en la misma casa con los niños (de los maridos no hablaban). ¡Vamos a conocer lugares preciosos! (de trabajo y dinero tampoco se preocupaban). ¡Vamos a tener un perro enorme de raza! (dónde viviría, ni lo consideraban).  

Entrecerrando los ojos, yo recordaba mi media docena de años, en receso de cuadernos y lápices, jugando con mi prima Gaby…Pero, como daba la casualidad, que justo estaba parada, frente al espejo del aparador que había sido de mi madre, ¡no podía hacerme trampas al solitario…! “¡Cuántos centímetros había crecido desde aquel verano! ¡Cuánto más estilizada estaba…! ¡Oh! ¡Qué horror! ¿Cómo podré alisar los rulos de mi cabello tan ondeado?“ Al encaminarme a mi cuarto en busca del cepillo pensaba: “Le preguntaré a mi prima si se acuerda dónde están guardadas aquellas muñecas“…

Sin embargo, al chocarme con la cama grande, un tintineo de campanita me recordaba otro instante de mi vida, aquel: “Sí, acepto en las buenas o en las malas, hasta que la muerte nos separe“. ¡Ahora sí que estaba del otro lado de aquel mundo de niñas – madres…!  

En un segundo, de la ternura al pánico, se me iba transfigurando la cara…¡Con qué desesperación, en un ataque de fantasía me esforzaba por imitar a aquel oportuno movimiento de nariz de”Hechizada“…! Caía recién en la cuenta, de que a la una en punto, las niñas deberían estar con uniforme, entrando a la escuela. Rápidamente pues, muy orgullosa me dirigía a mis escasas ollas compradas en cuotas. Sólo restaba descolgar de detrás de la puerta al delantal buchón, que había conocido mis primeros nefastos experimentos culinarios…Ya coincidíamos con mis vecinas de enfrente…

—¿Qué cocinaré de rico? ¡Ese, era nuestro desafío cotidiano!   Preguntas como éstas habitualmente surgían mientras yo le ponía la sal al agua:

—“Mariela, ¿no te parece que tendríamos que abrigar un poco más a los niños?“ “¿Adónde podríamos llevarlos a pasear con este frío? “

– “Valeria, ¿ya será la hora de hacer la comida? ¿Qué torta haremos para la merienda?“ “Mmm, me parece que el bebé tiene sueño, le voy a poner el pijama. ¡Chist, niños! ¡A dormir un ratito!”

Yo, como buena vecina chusma, sentía el despliegue de ollas, tacitas y frasquitos; escuchaba suspiros por falta de abrigos o por quintos de fiebre, me asombraba por cuantas aceitunas le ponían a aquella tarta salada y,…por la cantidad de chocolate que bañaba alguna torta de cumpleaños. ¡Qué gracioso era aquello! Mientras yo hervía el arroz, ellas, tomaban té con masitas, mientras, lavaba ropa a mano, ellas se deleitaban con milanesas con papas fritas, y mientras yo hacía las camas,… ellas, llevaban a toda la prole y a los dos perrazos a pasear al parque.

¡Qué rápido se iba la mañana! ¡Qué pronto sonaba el timbre de Susana desarmando el campamento, con el uniforme de Valeria flameando en la mano…! 

 ¡Qué rápido pasaron los años! ¿Qué fue de las tres protagonistas de este cuento? ¿Adónde las llevó la vida? … ¿Seguirán siendo Mariela y Valeria, tan amigas como antes?

  Para comenzar con las respuestas, el hijo de Valeria de 9 meses, se llama Enzo Mauricio, y Facundo, el hijo de Mariela, mi nieto más pequeño, es una belleza de siete meses. Valeria, vive en Estados Unidos desde hace unos años, y Mariela, con su esposo, en Montevideo, en una linda casita, justo frente a la mía.  

Por supuesto, sería lo máximo para estas dos laboriosas hormiguitas, visitarse cuando se les diera en gana, intercambiar bebes en sus regazos, agasajarlos con purecitos dulces o salados, sentar un bebé al lado del otro en la calesita del parque.  ¡Pero algo sucedió…! Ahora, ellas ya reconocen esa tensa línea que marca el límite, entre los logros y los sueños, entre el hoy y el mañana, entre la realidad y la fantasía,… entre los hijos y los padres. Y por supuesto, también, aprecian la diferencia, entre el teléfono de baquelita y la cámara web con pantalla plana … A través de ella, se ven y se comunican a diario, confirmando una vez más, que la amistad es el riego diario de una flor, …y que la cercanía emocional no depende de los kilómetros de distancia.  

Es común al caer de cada tardecita, encontrar a Valeria en la pantalla de la computadora de la casa de Mariela. Ella conserva los mismos hoyuelos en las mejillas, la misma mirada traviesa; evocando el olor a tostada quemada, la imagino entrar con su muñeca. De este lado de la pantalla, derrochando ternura por sus lindos ojos almendrados, y siempre al firme, ¡allí esta Mariela! Observa, escucha, reflexiona, saborea al máximo cada movimiento, cada palabra de su amiga, igual que lo hacía debajo de la mesa del apartamento 4. ¡Cómo se ilumina el rostro de mi hija…! También pasan aceitunas o chocolate en alguna receta, precios de Baby Gap, monosílabos de sus retoños, colores, alegrías o tristezas. 

 Por mi parte, a pesar del cuarto siglo que me ha caído encima, mantengo la figura bastante estilizada, la sonrisa a prueba de agua, y la ilusión por abrir una ventana. Ya no me haría aquel espantoso brushing, ni siquiera para ir a dormir. ¡Ahora asumo y me encantan mis rulos rojizos, esponjosos y ensortijados…! 

Todos los tamaños necesarios de ollas están guardados en mis placares, y mi delantal ya no es paleta de pintor, ¡agradece la experiencia de los años! Con mi siempre amado y otrora flaco marido, vivimos en una casa bastante grande para dos, pero suficiente para albergar bajitos inquietos. Quizás algún día, llegue el momento de achicarnos a las dimensiones de aquel apartamento 4, o de vivir más cerca del mar; de la línea del horizonte. 

 ¿Valeria y Mariela? Como ya crecieron, aprendieron mucho de la vida con el:”Caminante no hay camino, se hace camino al andar… “ que canta Serrat, a cada generación, que crece y adolece en todo el planeta… 

 Y lo que sí sabemos las tres con total certeza, ¡es que nunca hay que dejar de soñar, por más dura que sea la realidad! Fue por eso, que en un día nublado salió el sol con estas palabras:

—Sabes, mamá, Valeria vendrá a Montevideo a pasar las fiestas. ¡Llegará justo para ver a Facundo soplar su primera velita! 

 En ese momento, pasó por mi mente una de mis queridas escenas de las laboriosas hormiguitas en un día cualquiera. ¿Se preguntarán: “¿qué haremos de rico? “, mirando las ollas de acero de Mariela. ¿Y a continuación dirían graciosamente?: “¡Chist, niños, a dormir prontito! “ ¿Se harán entonces las muy enojadas? 

 Pero como todo parece un cuento, ellas ya llegaron a mis años, de dueñas de delantal buchón y de cabellos prensados… Ahora son ellas las que recuerdan muñecas, batitas, sábanas y frasquitos de perfume. Son ellas las que amplían poco a poco su batería de cocina… son ellas, las que algún día no podrán entrar al mundo de fantasía de los hijos que les dio la vida.

Lo que sí sé por mi parte, es que desde la casa de enfrente, con una sonrisa recordaré sus carcajadas; y, comprenderé una vez más, al verlas con sus hijos en brazos, que ese es su propio espacio.

Trataré también de no hacerme la distraída cuando me mire en el espejo del aparador de roble que está frente a mi ventana. Allí recordaré mis temas pendientes, mis sueños aún realizables, a la ley de la vida que es una acumulación de círculos hacia el infinito… Consultaré entonces a mi colorido y novedoso reloj pulsera, y le pediré con mi siempre resto de fantasía a la inolvidable “Hechizada“, que apure un poco más los pasos de mi amor… para que regrese bien prontito a            casa.                                                                                                                               

 AUTORA- María Cristina Galeano

Libro “Cosas que pasan” 

cristinagaleano@netgate.com.uy     

www.regalato.wordpress.com

   

Posteado por: regalato | agosto 30, 2007

LA SEÑORITA EMA

La señorita Ema 

Desde la puerta de mi aula de Primero B, mi mirada recorrió el gran patio y con asombro se posó en la frondosa anacahuita… Al vuelo, se me ocurrió una descabellada idea: que este vetusto árbol tomaba vida al sentir llegar los niños a la escuela, se erguía enaltecido ante los acordes de nuestro himno, ¡y lo más ridículo…!, dejaba rodar una lágrima cuando las voces de los chicos se iban apagando cada fin de año. Atado la tierra, parecía sentirse tan abrumadamente triste, y a la vez…  El tic tac del reloj me distrajo. Eran tres cuartos para la una.

Posicionada en mi salón de clase, al azar repasé nombres y apellidos de mis flamantes alumnos. Vivaz y elocuente, les acotaba algún comentario:

—Clara Díaz, ¡qué lindo nombre!; ¡Diego Torres!, igual que el cantante; Ramiro Spike… —¡Qué casualidad!, ¿será el hijo de… ¡aquel alumno!? Azorada, me acomodé los bifocales.¡Ramirito…! ¿yaaa podrías tener edad de ser padre de un chico de 6?, urgente, me puse a sumar y restar años… ¡A ver!, si yo me recibí en el 75 y él fue uno de mis primeros alumnos…, mmm, ahora tendría…, ¡No!, ¡no puede ser! ¡32 años! ¡Zas!, se me voló la lista por los aires.

Mientras la levantaba del piso, por arte de magia aquel recuerdo desplegó mi sonrisa. Ay, Ramirito, ¡tan rubio!, ¡qué travieso…! Trepando a los muros, coleccionabas raspones en las rodillas. ¡Sí! Además de simpático, ¡eras tan rápido y brillante en el aprendizaje!, y lo más curioso, sin ofender, con altura, sabías decir grandes verdades. ¡Uy! ¡Me hacías cada pregunta “extracurricular”! Más de una vez, ¿porqué negarlo?, me dejabas pensando. Después de los dos ómnibus, cuando llegaba casa, tomando un tibio café con leche, me gustaba contárselas a mi madre. 

Aquella por ejemplo: “Señorita Ema, si usted tiene dos trabajos, ¿por qué no se compra un auto?”. Otra: “Ay, señorita, ¡usted es taaaan linda!, ¿por qué no tiene alianza?”. Después, con la sellada, siempre me dabas un caluroso abrazo: “¡Qué suerte, señorita, que haya elegido primer año! ¡Pero, por favor! ¿Cómo explicarle a Ramirito que los sueldos de las maestras no tenían nada de extraordinario, a pesar de que en cada rendición de cuentas y en cada campaña electoral los políticos, alabándonos, ¡los sigan poniendo en el tapete!

También, imposible contarle acerca de mi “gran amor”, ¡el que jamás tendría sustituto…! Roberto, quien en un accidente de auto había fallecido dos meses antes de casarnos. Mmm, ¡qué extraña sensación aquella!, despedazada, ¡algo me confortó!, muy, muy dentro de mí, sentí que él, de alguna manera, siempre estaría conmigo. Es la diferencia entre “vivir solo” y “estar solo”, y, por consecuencia, ¡mi amor a la vida!  

¡Y sí! En mis dos turnos, siempre se dice que soy solidaria. Nomás alguien me pide “Ema, ¡por favor!, ¿tú podrías…?”, yo, veloz, corro con mis tacos altos. Con creatividad organizo eventos escolares, con fervor declamo discursos en las fiestas patrias, entre suspiros preparo el primer paso de los abanderados y, ¡por supuesto!, entre bromas y a lo largo y ancho —de añadir kilos— de todos estos años, elegí las masitas y junté la colecta para el cumpleaños de maestras y practicantes.

 Recordé, de pronto: Pero, ¡mire que han pasado practicantes por mi aula!, y ni qué sumar, cuántas paralelas… Ellas, cada tanto, cambiaban de grado, yo, no, yo siempre seguía con mi primer año. ¿Por qué?, era la valiosa figurita sellada de Ramirito: el día de comienzo de clases, con solo cobijar en un abrazo a estos chiquitos con carita de indefensos, juro que revivo. ¡Qué elocuentes sus miradas, entre curiosas y acongojadas, al separarse de los brazos de sus madres y entrar al aula!

Por supuesto, ellos aún no saben, que ese es su primer paso a la libertad. ¡Sean los orientales tan ilustrados como valientes! Así, agachadita, mientras uno a uno les doy el beso de bienvenida, siempre deseo transmitirles: “Querido, chiquita, comprendo que vas a estar lejos de tu mami por unas horas, pero, ¿sabés?, aquí estoy yo para cuidarte y enseñarte lo que sé, te será muy importante. Dame tu manito…

En pocos meses, año a año por igual, es realmente asombroso el cambio que se opera en ellos. De la vergüenza pasan al gusto por relacionarse; de las vocales, rápidamente, a las primeras consonantes. Las van uniendo, poco a poco, más y más, hasta que un buen día, zas, entre sonrojos y tartamudeos, estiráaaandolas, pero imparables, logran leer su primera palabra. ¡Ya son libres!, emocionada, los aplaudo. 

Es cierto, ¡los tiempos han cambiado! A veces, por ello, me tildan de chapada a la antigua. ¡Y a mucha honra!, les respondo. Les explico que a pesar de los cambios beneficiosos de ciertas técnicas, siempre seré partidaria del apoyo y motivación de los niños a partir del afecto; de escribirles cálidos conceptos para demostrarles sus progresos, de pedirles recortar letras de periódicos y “construir” elogios a sus padres Pero, ¡por favor!, ¿no me dirán que no es divertido colorear vocales y consonantes gigantes, para jugar a “la letra que falta”?

 ¡A ver, Ema!, a veces me preguntan, ¿los chicos de ahora son distintos a los de antes? Yo exclamo: Pobrecitos, de algunos de los “muy muy distraídos” de antes no sabíamos que tenían “déficit atencional”, no había “pastilla”, ¡todo era a fuerza de machaque! ¡Ah!, ¿y a otros de los “súper súper inquietos”?, ahora los llaman “hiperactivos”. ¡Igualito…! Con mucho deporte, mucha paciencia y mucho amor, se calman. 

—Ema, ¡te buscan! —a quince para la una me anunció mi paralela.Algo encandilada, me asomé a la puerta. Al acomodarme los bifocales, ¡sorpresa!, me choqué con Ramirito padre. Rubio entrecano y encantador como siempre, me daba un caluroso abrazo. Atontada, conteniendo las lágrimas, escuché sus palabras:

—Señorita Ema, ¡cómo hace para seguir siendo taaan linda! Mire, aquí le traigo a mi hijo. Le pido que le enseñe absolutamente todo lo que me enseñó a mí en primer año. Usted ni imagina lo bien que me hacían sentir sus cálidos conceptos en el cuaderno. Me animaban a lograr otro Precioso.

Entonces, ahí nomás y con la mismísima sonrisa de travieso, aquel grandote de 1,90 se agachó y me susurró al oído: 

—Ojalá que Ramirito me alabe con las letras recortadas de los periódicos, tanto como yo alababa a mi viejo… Y que también se divierta mucho, con la “letra que falta”.

—Pero, Ramirito, ¡qué lindo estás, y ya hecho un hombre! —exclamé como vieja de cien años al verlo más de cerca—. Contame, ¿qué hacés?, ¿en qué trabajás?

—Soy senador de la República y, ¿sabe, Ema?, en parte se lo debo a usted. Quería decirle Gracias.

—Gracias de qué, ¡por favor!, si es el trabajo que amo. ¡Eso sí, Ramirito!, cuando en el Parlamento traten el tema de los maestros, defendenos, ¿sí?, a ver si nos votan algún aumentito. Fue entonces cuando él, con la mismísima mirada sincera de niño, unió mi mano a la de su hijo, mientras decía:

—Querido, ¡andá tranquilo con la señorita Ema! Juro, ¡ella siempre podrá contar conmigo! 

A través del hombro de mi ex alumno, empañados mis ojos por el llanto, otra vez, miré a la anacahuita… Al igual que yo, se erguía bendecida. Pronto se escucharían las primeras notas del himno. Sin embargo, a decir verdad, era yo la que dejaba rodar una lágrima por mi mejilla, por sentirme tan… felizmente viva en otro primer día de clases.Era la una en punto. 

AUTORA- María Cristina Galeano

cristinagaleano@netgate.com.uy

 

         

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